La Santa Misa desde el canto gregoriano 05 – Natividad de Jesús.

En la misa de día de Navidad escuchamos el que sin duda es el canto más famoso del repertorio gregoriano: Puer natus est nobis. Sin embargo, antes de hablar de este introito, hemos de referirnos a las misas de medianoche y el alba, pues desde al menos el siglo VI la Iglesia conoce estas tres celebraciones el día de Navidad. El Papa celebraba la misa de medionoche en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, la del alba en la iglesia de Santa Anastasia, a camino entre la anterior y la basílica de San Pedro, y la del día en esta última.

El canto de entrada de la primera misa, tomado de Ps. 2, 7, dice: Dominus dixit ad me: Filius meus es tu, ego hodie genuite (El Señor me dijo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy). Es el propio Mesías el que dice estas palabras; palabras las que hay una que cobra una gran importancia. No es una palabra larga, ni un sustantivo ni una acción. La palabra más importante es meus. No se trata del hijo de cualquiera, sino del hijo de Dios, mediante el cuál se encarna. El anónimo compositor de este canto debió expresar esta palabra de una manera especial;  así se transmitió y así los amanuenses lo dejaron notado. Todo el canto, un canto en modo II, de carácter íntimo y ámbito melódico pequeño, se interpreta de manera fluida a juzgar por el significado de los neumas, escritos en su grafía simple. En cambio, está grafía simple se abandona en la palabra meus, en la que los notadores de Saint Gall y de Laon escribieron dos neumas, un pes primero y una clivis después, de valor alargado.

Nada tiene que ver con el carácter intimista de este introito el de la misa del día, cuyo texto, tomado de Is. 9, 6, dice: Puer natus est nobis, et filius datus est nobis: cuis imperium super humerum eius: et vocabitur nomen eius, magni consilii Angelus (Un niño nos ha nacido, y un hijo se nos ha dado: sobre su espalda está su dominio: y será llamado ángel del gran consejo).

El introito se abre de manera exuberante, con toda fuerza. Un pes alargado nos pone de ya manifiesto la importancia de la primera palabra: puer. Atendiendo de nuevo a la notación, hay dos momentos en la primera frase que cobran una relevancia especial: puer, con el pes alargado y en un salto de quinta al que nos acabamos de referir, y datus, con un alargamiento del primer elemento del neuma de tres sonidos que acompaña a la primera sílaba de esta palabra. Puer y datus. La notación evidencia la gran noticia de la encarnación del Hijo de Dios, anunciada en un contexto muy diferente al del introito de la misa de medianoche. Durante todos los cantos de las misas de Navidad, de los días posteriores, e incluso de la Epifanía, podemos apreciar bien auditivamente o bien visualmente (sobre la partitura) numerosas pulsaciones unisónicas, sonidos repetidos de manera muy ligera, que enfatizan el misterio celebrado en este día y lo hacen resonar durante los siguientes.

Podemos escuchar estos dos cantos en: https://www.youtube.com/watch?v=wVcbEQayEGg (Dominus dixit ad me) y https://www.youtube.com/watch?v=iUjo01vIBEs (Puer natus est nobis).

Bendición del Belén navideño

CAPITULO XXXVIII
BENDICIÓN DEL BELÉN NAVIDEÑO

1243. Es laudable la costumbre de instalar en las casas y las iglesias un ‘belén’ o ‘nacimiento’, que recuerda y ayuda a vivir el misterio de la Navidad.
1244. Para dar más sentido religioso para significar su inauguración puede hacerse un rito de bendición, qué significa el comienzo de la solemnes fiestas navideñas. Este rito es introductorio de los misterios que se celebran en la liturgia.
1245. Si se trata de un ‘belén’ colocado en la iglesia, la bendición puede hacerse antes o después de alguna de las celebraciones con que comienzan las fiestas de Navidad (al final de las Vísperas o al final de la misa de la noche). También puede hacerse la bendición como una celebración independiente en la tarde del 24 de diciembre.

I. Bendición del belén familiar

II. Bendición del belén de una iglesia
A. Rito de la bendición fuera de la misa o de las I Vísperas de Navidad
B. Rito de la bendición dentro de la misa o de las I Vísperas de Navidad

I. Bendición de un belén familiar

RITO DE LA BENDICIÓN

Ritos iniciales

1246. Reunida la familia, el padre o la madre de la misma dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:
Amén.

El que dirige la celebración puede decir:
Alabemos y demos gracias al señor, que tanto amó al mundo que entregó a su hijo.
R/. Bendito seas por siempre, Señor.

1247. Luego, el que dirige la celebración dispone los presentes para la bendición, con estas palabras u otras semejantes:
Durante estos días contemplaremos asiduamente en nuestro hogar este pesebre y meditaremos el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar con nosotros. Pidamos, pues, a Dios que el pesebre colocado en nuestro hogar avive en nosotros la fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensamente estas fiestas de Navidad.

1248. Uno de los miembros de la familia lee un texto de la Sagrada Escritura.

María dio a luz a su hijo primogénito Lc 2, 4-7a

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del Santo Evangelio según San Lucas.

En aquellos días, José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama a Belén, es Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre.

Palabra del Señor.

1249. Después de la lectura, según las circunstancias, puede cantarse un canto adecuado.

Preces

1250. Sigue la plegaria común:

En este momento en que nos hemos reunido toda la familia para iniciar las fiestas de Navidad, dirijamos nuestra oración a Cristo, Hijo de Dios vivo, que quiso ser también hijo de una familia humana; digámosle:

R/. Por tu nacimiento, señor, protege a esta familia.

Oh, Cristo, por el misterio de tu sumisión a María y a José enséñanos el respeto y la obediencia a quienes dirigen esta familia. R/.
Tú que amaste y fuiste amado por tus padres, afianza nuestra familia en el amor y la concordia. R/.
Tú que estuviste siempre atento a las cosas de tu Padre, haz que nuestra familia dios sea honoríficado. R/.
Tú que has dado parte de tu gloria a María y a José, admite a nuestro familiares que otros años celebraban las fiestas de Navidad con nosotros en tu familia eterna. R/.

Oración de bendición

1251. Luego el ministro, con las manos justas, dice:
Señor Dios, Padre nuestro,
que tanto amaste al mundo
que nos entregaste a tu Hijo único
nacido de María la Virgen,
dígnate bendecir + este nacimiento
y a la comunidad cristiana que está aquí presente,
para que las imágenes de este belén
ayuden a profundizar en la fe
a los adultos y a los niños.
Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado,
que vive y reina por los siglos de los siglos.


R/. Amén.

O bien:
Oh, Dios, Padre Nuestro,
que tanto más al mundo
que nos has entregado a tu único Hijo Jesús,
nacido de la Virgen María,
para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti,
te pedimos que con tu bendición +
estas imágenes del nacimiento,
nos ayuden a celebrar la Navidad con alegría
y a ver a Cristo presente
en todos los que necesitan nuestro amor.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús,
tu Hijo amado,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

Conclusión del rito

1252. El que dirige la celebración concluye el rito santiguándose y diciendo:
Cristo, el Señor,
que se ha aparecido en la tierra
y el querido convivir con los hombres,
nos bendiga y nos guarde en su amor.

R/. Amén.

© Conferencia Episcopal Española.

Mu00e1s sobre el Bendicional

Bendición de las familias y sus miembros

CAPITULO IBENDICIÓN DE LAS FAMILIAS Y SUS MIEMBROS 40. La Iglesia, en su actuación pastoral, ha tenido siempre en gran aprecio la comunidad de vida y de amor conyugal, fundada por el Creador e instituida por Cristo, el Señor, como un sacramento del Nuevo Testamento, así como un estado y orden de vida, a semejanza…

Las oraciones de las misas de Navidad

Dormíd entre las pajas,
que aunque frías las veis,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.
Las que para abrigaros
tan blandas hoy se ven,
serán mañana espinas
en corona cruel.

Félix Lope de Vega
(1562-1635)

TEXTONAC.HOYLUZPAZSGR. INTER.ALEGRÍAGLORIA
NAVIDAD
Vigilia
Ant. Entr.
XX
ColectaX
Ofrendas
Ant. Com.X
Com. X
Medianoche
Ant. Entr.
XXXX
ColectaXX
Ofrendas X
Ant. Com.XX
Com.XX
Aurora
Ant. Entr.
XXXX
ColectaXX
OfrendasX
Ant. Com. X
Com. XX
Día
Ant. Entr.
X
ColectaX
Ofrendas
Ant. Com.
Com. XX
MISA DE LA VIGILIA

Antífona de entrada          Cf. Éx 16, 6-7
Hoy sabréis que el Señor vendrá y nos salvará, y mañana veréis la gloria del Señor.

Oración colecta
OH, Dios, que cada año nos alegras
con la esperanza de nuestra redención,
concede a quienes acogemos gozosos
a tu Unigénito, Jesucristo Señor nuestro, como Redentor
poder contemplarle sin temor cuando venga también como Juez.
Él, que vive y reina contigo.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor, iniciar con fervor
la celebración de esta solemnidad
del mismo modo que manifiestas en ella
el comienzo de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión       Cf. Is 40, 5
Se revelará la gloria del Señor, y todos los hombres juntos verán la salvación de nuestro Dios.

Oración después de la comunión
AL conmemorar el nacimiento de tu Hijo Unigénito
concédenos, Señor, ser fortalecidos
por el sacramento celestial que hemos comido y bebido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

MISA DE MEDIANOCHE

Antífona de entrada          Cf. Sal 2, 7
El Señor me ha dicho: «Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy».

O bien:

Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo. Hoy, desde el cielo, ha descendido la paz verdadera sobre nosotros.

Oración colecta
OH, Dios, que has hecho resplandecer esta noche santísima
con el resplandor de la luz verdadera,
concédenos gozar también en el cielo
a quienes hemos experimentado este misterio de luz en la tierra.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor, la ofrenda de la fiesta que hoy celebramos
para que, por este sagrado intercambio,
seamos semejantes a aquel
en quien nuestra naturaleza está unida a la tuya.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión Jn 1, 14
El Verbo se hizo carne y hemos contemplado su gloria.

Oración después de la comunión
A cuantos celebramos alegres
el nacimiento de nuestro Redentor,
concédenos, Señor Dios nuestro,
llegar así a la perfecta comunión con él mediante una vida santa.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

MISA DE LA AURORA

Antífona de entrada          Cf. Is 9, 1. 5; Lc 1, 33
Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor; y es admirable su nombre: Dios, Príncipe de la paz, Padre perpetuo; y su reino no tendrá fin.

Oración colecta
CONCEDE, Dios todopoderoso,
a los que vivimos inmersos
en la nueva luz de tu Verbo hecho carne,
que lo que brilla por la fe en nuestro espíritu
resplandezca en nuestras obras.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, te pedimos que estas ofrendas sean dignas
del misterio de esta Navidad que estamos celebrando,
para que, del mismo modo que resplandece como Dios
el engendrado como hombre,
estos dones terrenos nos comuniquen la vida divina.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión       Cf. Zac 9, 9
Salta de gozo, hija de Sion; canta, hija de Jerusalén; mira que viene tu rey, santo y salvador del mundo.

Oración después de la comunión
CONCEDE, Señor, a quienes hemos celebrado
el nacimiento de tu Hijo con devoción gozosa,
conocer con plenitud de fe la profundidad de este misterio
y amarlo con la más ardiente caridad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

MISA DEL DÍA

Antífona de entrada          Cf. Is 9, 5
Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva a hombros el principado, y es su nombre: Ángel del gran consejo.

Oración colecta
OH, Dios,
que estableciste admirablemente la dignidad del hombre
y la restauraste de modo aún más admirable,
concédenos compartir la divinidad de aquel
que se dignó participar de la condición humana.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor, la ofrenda de este día solemne
en el que se manifestó
el sacrificio perfecto de nuestra reconciliación
y comenzó para nosotros la plenitud del culto divino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión Sal 97, 3
Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.

Oración después de la comunión
DIOS misericordioso,
hoy que nos ha nacido el Salvador del mundo
para comunicarnos la vida divina,
te pedimos que nos hagas igualmente partícipes
del don de su inmortalidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

La Santa Misa desde el canto gregoriano 04 – IV Domingo de Adviento.

Antes de hablar de este día, conviene hacer referencia a las témporas de Adviento. Las témporas se celebraban al comienzo de cada estación del ciclo anual los miércoles, viernes y sábados. Eran días consagrados a la plegaria en los que se daba gracias a Dios por todas sus gracias y se le pedía concediera buenas siembras y cosechas. Las témporas de Adviento se celebraban la semana posterior al III domingo de este tiempo litúrgico.

El domingo IV de Adviento se conocía como el domingo vacío, el que faltaba, pues el sábado de témporas concluía con una larga vigilia que finalizaba al alba con la misa. El introito de la Misa de hoy, que se cantaba el miércoles de témporas de Adviento, no ocupaba esa posición de manera casual (nada en la Iglesia, y con ello en el gregoriano, es casual). El texto (Is. 45, 8) dice: Rorate caeli desuper, et nubes pluant justum: aperiatur terra, et germinet salvatorem (“Enviad, cielos, rocío desde lo alto; y que las nuevas lluevan al justo: que se abra la tierra y brote el salvador”). Esta alusión a la tierra ya la escuchábamos en la comunión del I domingo de Adviento (Sal. 84, 13): Dominus dabit benignitatem: et terra nostra dabit fructum suum (“El Señor nos dará su benignidad, y la tierra dará su fruto”). La tierra dará su fruto, decíamos entonces. Que se abra la tierra y brote el salvador, decimos ahora. La relación entre ambos textos es clara. En este miércoles de témporas de Adviento en que se pedía a Dios concediera al pueblo buenas cosechas; el fruto que germina de ella no es otro que el Mesías.

Este introito suele ponerse de ejemplo siempre que se habla de figuralismo en el repertorio gregoriano. Vemos dos momentos en los que la melodía refleja claramente el texto. Cuando el texto hace referencia al cielo, a las alturas, la melodía sube hasta llegar a su punto culminante. Al contrario, cuando se dice que se abra la tierra, la melodía desciende al grave.

La misa de hoy tiene un fuerte carácter mariano, destacado en los cantos del ofertorio y la comunión. Ésta, que de nuevo se abre con el término profético Ecce, está tomada de nuevo de Isaías (Is. 7, 14): Ecce virgo concipiet, et pariet filium: et vocabitur Emmanuel (“He aquí que una Virgen concebirá, y dará a luz un Hijo, y su nombre será Enmanuel”). El ofertorio, uno de los más bellos y queridos por los amantes del canto gregoriano, y que originalmente se cantaba el día de la Anunciación, toma dos pasajes del Evangelio de Lucas, el de la Anunciación y el de la Visitación (Lc. 1, 28.42): Ave Maria gratia plena: Dominus tecum: benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui (Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres”).

Podemos escuchar el introito en: https://www.youtube.com/watch?v=M5W3Q-x3FGo

Y el ofertorio en: https://www.youtube.com/watch?v=vSNi49zoCLg

21 días de Navidad Mozárabe

El 4 de octubre del año 380 (ca.) en la sacristía de la iglesia de Zaragoza se reunieron en Concilio doce obispos principalmente para condenar la doctrina y prácticas de Prisciliano y sus seguidores. Como toda teoría, el priscilianismo tenía sus aplicaciones prácticas:
«La ética del dualismo priscilianista con su pobre concepto de la naturaleza dio origen a un indecente sistema ascético así como a algunas observancias litúrgicas peculiares, tales como el ayuno los domingos y el día de Navidad» [1]. 

Seguramente como efecto de la condena de la doctrina y las prácticas ascéticas en las fiestas de Navidad del grupo de Prisciliano, el Concilio decreta 21 días de asistencia a la Iglesia. De este modo, por un lado, se decreta el distanciamiento de la penitencia y la ascesis como andar descalzo en ese tiempo o ayunar el domingo; y, por otro, evitan las prácticas privadas relacionadas con el priscilianismo al no poder estar ‘ocultos’ en casa, ni poder ir al monte o a la hacienda:
«En los 21 días que hay entre el 17 de diciembre hasta la Epifanía -que es el 6 de enero- no se ausente nadie de la iglesia durante todo el día, ni se oculte en su casa, ni se marche a su hacienda, ni se dirija a los montes ni ande descalzo, sino que asista a la iglesia. Y los admitidos que no hicieran así, sean anatematizados para siempre. Todos los dos obispos dijeron: sea anatema»; «Nadie ayune el domingo en atención al día o por persuasión de otro, o por superstición, y en cuaresma no falte a la iglesia. Ni se esconda en lo más apartado de su casa o de los montes aquellos que perseverar en estas creencias, sino que sigan el ejemplo de los obispos y no acudan a las haciendas ajenas, para celebrar reuniones. Todos los obispos dijeron: sea anatema quién esto hiciere» [2].

Siglos más tarde el X Concilio de Toledo (656), en referencia a la fiesta de la Encarnación del Verbo, fijará la fecha del 18 de diciembre dando origen a la solemnidad de Santa María, que desde la tarde anterior celebra su maternidad (Santa María. La Virgen de la O). Pero los padres conciliares toledanos no se limitan a fijar ese día, sino que lo elevan a la misma dignidad que la Navidad, añadiendo también algunos días posteriores de fiesta:
«Así como la dignidad de los días siguientes acompaña a la Natividad del Hijo, del mismo modo, la sagrada solemnidad de otros tantos días siga a la festividad de la Madre… la cual debe ser tan solemne como la Natividad del mismo Verbo» [3].

De este modo los 21 días comienzan con la solemnidad de Santa María y terminan con la de la Epifanía.


[1] Healy, Patrick. “Priscillianism.” The Catholic Encyclopedia. Vol. 12. New York: Robert Appleton Company, 1911, en: https://www.biblia.work/diccionarios/priscilianismo/-

[2] I Concilio de Zaragoza, IV. II, en: F. M. Arocena, Cánonces litúrgicos de los concilios hispano-visigóticos.

[3] X Concilio de Toledo, I, en: F. M. Arocena, Cánones…

Santa María. La Virgen de la O

Foto de portada
(https://www.guisanteverdeproject.com/)

Hoy, 18 de diciembre, se celebra en el rito hispano-mozárabe la solemnidad de Santa María: equivalente a la solemnidad de la encarnación del Señor en el rito Romano.

La fiesta de Santa María fue instituida en el año 656 por el X Concilio de Toledo que decreto la fecha dado que el 25 de suele coincidir con cuaresma o Pascua y no se puede celebrar. Asimismo, se decretó que esta fiesta se celebrará con la misma solemnidad que la Navidad, también en sus días posteriores que hoy celebramos como octava.

En lugares de especial raigambre visigótica y mozárabe esta fiesta se continúa celebrando o se ha recuperado en los últimos años. En la Edad Media pasó en España a celebrarse como la espectación del parto de la Santísima Virgen María, también se celebra la Virgen de la Esperanza y popularmente la Virgen de la O, ya que en las primeras vísperas de su solemnidad comienzan a cantarse las antífonas mayores de Adviento.

X Concilio de Toledo (656)
Tomado de: F. M. Arocena,
Cánones litúrgicos de los concilios hispano-visigóticos

En muchas partes de España, la fiesta de esta santa Virgen no se guarda en un mismo día todos los años, porque habiendo pasado los hombres por diversos cálculos del tiempo, Es sabido que siguiendo la variedad no conservan la unidad para la celebración. Por lo cual, y dado el día en que se sabe que el ángel anunció la Virgen la concepción del Verbo, y la confirmó con milagros, no puede ser celebrado dignamente porque a veces cae dentro de la Cuaresma y coincide con la fiesta de Pascua, en los cuales tiempos no es oportuno celebrar ninguna de las fiestas de los santos, según se estableció en las normas antiguas, y no conviniendo que la misma Encarnación del Verbo se celebre en la época en que consta que el mismo Hijo de Dios después de la muerte de la Carne subió a los cielos por la gloria de la Resurrección, se establece por especial decreto el día octavo antes de aquel en el que el señor vino al mundo, se tenga también el día de la Madre del Señor como celebérrimo y preclaro.

Por razón del mismo honor, parece que así como la dignidad de los días siguientes acompaña a la Natividad del Hijo, del mismo modo, la sagrada solemnidad de otros tantos días siga a la festividad de la Madre… la cual debe ser tan solemne como la Natividad del mismo Verbo, y esto parece ser establecido, no sin el influjo de una digna costumbre que se sabe observada por diversas partes del mundo.

Antífonas mayores del Adviento

Desde el día 17 al 23 de diciembre, la antífona que acompaña al canto evangélico de vísperas, el Magníficat, y unas características peculiares: comienza con exclamación ‘Oh’ seguida de una invocación cristológica. A estas antífonas se les conoce como ‘antífonas mayores’ o ‘antífonas o’. Las iniciales del título cristológico encierran un simbolismo: Leídas desde la última a la primera forman las palabras ‘ERO CRAS’, es decir, ‘Estaré aquí mañana’. Y leídas de primera a última SARC ORE, o sea, ‘carne por boca’ que nos recuerda que la palabra que Dios pronunció por su boca se ha hecho carne (cf. Jn 1, 14).

Para saber mas…

Aquí dejamos la letra de las antífonas que completamos con comentarios y música:

17 de diciembre: O Sapientia
18 de diciembre: O Adonai
19 de diciembre: O Radix
20 de diciembre: O Clavis
21 de diciembre: O Oriens
22 de diciembre: O Rex
23 de diciembre: O Emmanuel

Leídas las letras en negrita de abajo hasta arriba: ERO CRAS (estaré aquí mañana). De arriba hacia abajo: SARC ERO (carne con boca).

En la liturgia de las horas existe un himno inspirado por las antífonas O. A continuación puedes encontrar una musicalización del himno por Lucien Deiss

17 de diciembre

O Sapientia, quae ex ore Altisimi prodisti, attingens a fine usque ad finem fortiter suaviterque disponens omnia: veni ad docendum nos viam prudentiae

Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, que cuidas de cuanto hay de un confin al otro, al mismo tiempo que todo lo ordenas con suave firmeza: ven y danos a conocer el camino de la prudencia.

La primera antífona, ‘O Sapientia’ es congruente en el primer grado del espíritu de sabiduría. Una cosa es gustar y otra entender. Son mucho los que gustan las cosas eternas, pero no pueden entenderlas en modo alguno. La sabiduría que se encuentra en Cristo, colma firmemente el alma con la certeza y la esperanza de las cosas eternas y en el momento oportuno lo dispone todo. En Cristo se da la suma sabiduría; la sabiduría que se encuentra en los demás hombres no es sino un pálido destello de la suma sabiduría.

Amalario de Metz
Liber de ordine antiphonarii, 17

18 de diciembre

O Adonai et Dux domus Israel, qui Moysi in igne flammae rubi apparuistiet ei in Sin legem dedisti: veni ad redimendum nos in bracchio extento

Oh Adonai y caudillo de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en el fuego llameante de una zarza y le diste, en el Sinaí, tu ley: ven y redímenos con tu brazo poderoso

La sexta antífona1 nos expone algo maravilloso, es decir, que el señor se apareció a Moisés en la llama de la zarza ardiente, sin que la zarza se quemara. .Esta antífona es congruente con el sexto grado del espíritu de piedad. El espíritu de piedad que hay en Cristo perdona misericordiosamente a los que se hicieron daño así mismos. De este espíritu estaba lleno Moisés, del que se lee que era ‘el hombre más humilde y sufrido del mundo’ (Nm 12, 3). Pero en modo alguno era más humilde que Cristo. Cristo, que convivió con el pueblo judío, resplandeció como una llama de fuego. Hizo milagros, perdonó los pecados a los humildes, a los mansos, a los temerosos de la palabra de Dios, pero los zarzales de los judíos de corazón soberbio, que preparaban insidias y persecuciones contra Cristo, no ardieron. No obstante, la piedad de Cristo toleró estas cosas, llegando incluso a orar desde la cruz por sus perseguidores.

Amalario de Metz
Liber de ordine antiphonarii, 26-27

1 En la obra de Amalario esta antífona está colocada en el sexto lugar.

19 de diciembre

O Radix Jesse, qui stas in signum populorum, super quem continebunt reges os suum, quem gentes deprecabuntur: veni ad liberandum nos, iam noli tardare

O Raíz de Jesé, que te alzas como estandarte de los pueblos; los labios de los reyes evitarán mencionarte mientras que las naciones invocarán tu nombre: ven y líbranos. No tardes ya.

La cuarta1 se expresa con una alabanza admirable y de alguna manera inefable, al decir que es el renuevo de Jesé se levantará ‘como estandarte de los pueblos’ y que en su presencia callarán los reyes y todas las naciones le invocarán. Es así como canta: ‘O radix Jesse, qui stas’ en la cruz, con las manos en sus extremos, y eres ‘estandarte de los pueblos’ cuando el sol se oscureció y la tierra tembló, las piedras se resquebrajaron y se abrieron los sepulcros (Mt 27, 51-52), ‘ante quien los reyes enmudecerán’, es decir, los príncipes de este mundo, que silenciarán su retórica y su dialéctica, cuando llegue la predicación de la santa cruz y del santo evangelio, y por eso actualmente los pueblos vibran para predicar al crucificado.

Amalario de Metz
Liber de ordine antiphonarii, 22

1 En la obra de Amalario esta antífona está colocada en el cuarto lugar.

20 de diciembre

O Clavis David, et sceptrum domus Israel; qui aperis, et nemo claudit; claudis, et nemo aperit: veniet educ vinctum de domo carceris, sedentem in tenebris et umbra mortis

Oh Llave ed David, y cetro de la casa de Israel; cuando abres, nadie puede cerrar; cuando cierras, nadie puede abrir: ven y saca de la cárcel al que está cautivo, al que se encuentra sumido en las tinieblas y en la oscuridad de la muerte.

La segunda antífona1 nos pone de manifiesto que Cristo es un admirable custodio de la puerta: lo que él cierra, no hay nadie que lo abra, y lo que abre, no hay nadie que lo cierre. Así está escrito de él en el Apocalípsis: ‘Esto dice el Santo, el verdad, el que tiene la llave de David, el que abre nadie cierra, cierra y nadie abre’ (Ap 3, 7). Que tiene este sentido: el que tiene la llave de David, es decir el poder real, la tiene por haber nacido de la estirpe de David, que es lo mismo que decir que la profecía de David se ha hecho patente en la manera de obrar de Cristo. El es el que abre y nadie cierra, cierra y nadie abre: los secretos de la ley divina quedan abiertos a los fieles por el poder que solo Cristo posee; para los infieles, estos secretos permanecen cerrados.

Amalario de Metz
Liber de ordine antiphonarii, 18

1 En la obra de Amalario esta antífona está colocada en el segundo lugar.

21 de diciembre

O Oriens, splendir lucis aeternae el sol iustitiae:
veni, et illumina sedentes in tenebris et umbra mortis

Oh Oriente, resplandor de la luz eterna y sol de justicia: ven e ilumina a los que están sumidos en las tinieblas y en la oscuridad de la muerte.

La quinta antífona1 se admira del audito Oriente, que las vicisitudes de los tiempos no hacen cambiar de un día a otro, sino que es eterno; el sol que nos trae, no solo iluminan los ojos del cuerpo, sino también los del alma. La justicia corresponde al aspecto del alma. Esta antífona es congruente con el quinto grado del espíritu de ciencia. El espíritu de ciencia que hay en Cristo, sabe lo que debe ser castigado misericordiosamente. El origen de la ciencia, que radica en la caridad, es Cristo. Basta su sola justicia, para hacer que los ojos del alma que lo contemplan se hagan poseedores de la ciencia.

Amalario de Metz
Liber de ordine antiphonarii, 22-23

1 En la obra de Amalario esta antífona está colocada en el quinto lugar.

22 de diciembre

O Rex gentium et desideratus earum, lapisque angularis, qui facis utraque unum:
veni et salva hominem, quem de limo formasti

Oh Rey de las naciones a quien ellas anhelan, y piedra angular, que das unidad a lo que está separado: ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

La séptima1 se refiere al rey de las naciones, y de manera admirable lo coloca como piedra angular; nosotros creemos que esta piedra vive y que tengamos necesidad de ella tal y como dice el antífona: para ‘de dos, hacer uno’, es decir, para unir en un solo los dos muros que iban en sentido diverso, a saber, el del pueblo de los judíos y el del pueblo de los gentiles, y hacer, así, una sola iglesia. Esta antífona es congruente con el séptimo grado del espíritu de temor. El espíritu de temor que hay en Cristo hace que los pueblos sean temerosos, como está escrito: los gentiles temerán tu nombre, señor, y los reyes del mundo tu gloria (Sal 101, 16)

Amalario de Metz
Liber de ordine antiphonarii, 28-29

1 En la obra de Amalario esta antífona está colocada en el séptimo lugar.

23 de diciembre

O Emmanuel, rex et legifer noster, expextatio gentium et salvator earum: veni ad salvandum nos, Domine Deus noster.

Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, expectación de las naciones y también su salvador: ven y sálvanos, Señor, Dios nuestro.

La tercera antífona1 Dice: o en Manuel, Rex Legis Fer Knoester.Es admirable decir que dios esté con los hombres, que, y beba con ellos y que responda a sus preguntas siempre que lo quieran. El mismo rey David, no desde el punto de vista temporal sino eterno, es en cierto modo otro Moisés, que nos da la ley que perdura por los siglos de los siglos.Es a él a quien esperamos, nosotros, que formamos parte de los gentiles; el nos salvará por toda la eternidad.

Amalario de Metz
Liber de ordine antiphonarii, 20

1 En la obra de Amalario esta antífona está colocada en el tercer lugar.

Para saber mas…

Henri Leclercq
Dictionnaire d’archéologie chrétienne et de liturgie

En el oficio de Vísperas de los siete días previos al de la Vigilia de Navidad, el canto del Magníficat va precedido por el de una antífona. Estas siete antífonas forman un grupo que recibe el nombre de antiphone majores y, puesto que cada una de ellas empieza por la letra ‘O’, se les llama familiarmente las ‘antífonas mayores’, las ‘antífonas O’ y también las ‘O mayores’. Estas antífonas remontan a una lejana antigüedad ya que las encontramos en uno de los más antiguos documentos de la liturgia romana en el Responsorial atribuido a San Gregorio I, así como en los antifonarios romanos publicados por Tomasi. Encontramos la mención de estas antífonas en la vida de Alcuino, en Amalario, en Bernón de Reichenau, en el Ordo Romanus XI, en Raúl Ardiente, Reinero de Lieja, Honorio de Autun, Durando de Mende y en la mayor parte de los libros litúrgicos de este periodo de la Edad Media.

Un antíguo antifonario romano, publicado por Tomasi, prescribe el canto de estas antífonas a partir de la fiesta de san Nicolás (6 diciembre) hasta la fiesta de santa Lucía (13 diciembre); el Ordo Romanus XI, del canónigo Benedicto, en el siglo XI, indica el canto de estas mismas antífonas a partir del 6 de diciembre hasta la Vigilia de Navidad, o en los días que precedían inmediantamente esta fecha, según el número de las antífonas adoptado por cada Iglesia particular.

Estas antífonas se cantaban habitualmente a la hora de Vísperas, aunque varias Iglesias habían introducido la costumbre de cantarlas con el Benedictus, en el oficio de laudes. San Gregorio I, Amalario, la Vida de Alcuino, un antifonario publicado por Tomasi, Reinero y Durando mencionan esta costumbre en las Vísperas, mientras que Bernñónb de Reichenau, el canónigo Benedicto y otro antifonario romano la asignan al oficio de Laudes.

Cada antífona recibe el nombre de sus palabras iniciales: O Sapientia, O Adonai, O Radix, O Clavis, O Oriens, O Rex, O Emmanuel. El núnero de estas piezas liturgicas está fijado actualmente en siete, pero este número varió en la Edad Media. Parece que estas antífonas habían formado un grupo primitivo y los que quisieron aumentarlo, añadiendo nuevas antífonas, no se dieron cuenta de que estas siete antífonas formaban un acróstico, remontando de la última a la primera antífona: este acróstico forma las dos palabras ‘ERO CRAS’, ‘Estaré aquí mañana’. El rito romano ha conservado el número septenario indicado por Raúl Ardiente, Bernón, Honorio de Autun, Durando de Mende y el antiguo antifonario publicado por Tomasi. Ya el Responsorial de san Gregorio indica una octava antífona a la santísima Virgen: O Virgo virginum, de la que también hace mención Amalario constata divergencias entre el antifonario de Metz y el de Roma. El manuscrito de París, Biblioteca Nacional, lat. 17436, contiene nueve antífonas; se encuentra este mismo número en Lieja y en Alemania. A las siete antífonas ya mencionadas, se añadía O Virgo virginum y O Summe artifex, o bien, como en París, O Sancte sanctorum y O Pastor Israel. Los manuscritos 390-391 de la biblioteca de Saint-Gall contienen doce antífonas. Durando menciona igualmente nueve antífonas; otros alcanzan el número de doce, por ejemplo, Engelberto de Admont, un antifonario citado por Tomasi, y varios libros citados por Martène.

La traslación de las reliquias de San Isidoro

La diócesis de León (España) recuerda cada 15 de diciembre la traslación del cuerpo de San Isidoro de Sevilla. El Santo hispalense se celebra en el rito hispano-mozárabe en la octava su traslación, el 22 de diciembre (en el rito romano 26 de abril). En el s. XI, Sevilla estaba bajo el dominio musulmán cuando el rey Fernando I de Castilla y León hace tributario de su reino al reino musulmán gobernado por Al Mutadid. Además de los tributos le puso como condición la recuperación de las reliquias de Santa Justa. Para ello acudieron a Sevilla Alvito, obispo de León, y Ordoño, obispo de Astorga. No encontraron el cuerpo de Santa Justa, pero San Isidoro aparecido en sueños al obispo de León le indicó que su propio cuerpo debería ser llevado a León. Y así se hizo. El texto que sigue pertenece a la crónica de la llegadas de las reliquias de San Isidoro a la ciudad de León.

A la llegada del santo cuerpo, el muy esclarecido rey [Fernando I] hizo gala de un boato imposible de explicar (…). Así, junto con un grupo de notables y un numeroso destacamento de soldados, el rey llegó hasta el río Duero en compañía de sus hijos, gloria en persona del reino, Sancho, Alfonso y García. Allí su alteza real, dejando escapar lágrimas de alegría, canta alabanzas innúmeras al Creador del mundo; la ingente masa reunida salta de alegría; la tierra resuena con las voces de quienes glorifican a Dios. (…) Dejando a un lado su estatus superior, el gloriosísimo rey Fernando, como si renunciara a un privilegio temporal, los restos del santísimo confesor, descalzo, con sus muy esclarecidos hijos gozaba en portear sobre sus hombros (…). Por su parte la reina Sancha, su esposa, llevando a su lado a sus hijas Urraca y Elvira, prez del reino y honra de su madre, se presentó en la ribera del río Torío ante el ínclito confesor. También los arzobispos y obispos, abades, clero ordinario y religioso, todos se presentan vestidos con los sagrados ornamentos, antecediéndolos los cirios y demás insignias de la Iglesia (…). Y para que más crezca el júbilo y la alabanza se amplíe, a un ciego de nombre Eusebio, mientras pone su mano en el ataúd, la luz le brilló en sus ojos de repente. (…) Tras ello el muy esclarecido rey Fernando, reunidos los arzobispos, los abades al completo y los nobles de su reino, llevaron los miembros del santísimo doctor Isidoro entre himnos y cantos de alabanza a la iglesia de San Juan Bautista, en la que ahora son venerados por los fieles, estableciendo que esta iglesia fuera consagrada en honor del santo prelado Isidoro y que el día de la traslación y dedicación se celebrara como festivo todos los años el décimo día de las calendas de enero. La traslación tuvo lugar en la era 1101, año de la encarnación de Nuestro Señor Jesucristo 10631.

1 Historia de la traslación de San Isidoro, ed. de Juan Antonio Estévez Sola, en Crónicas hispanas del siglo XIII, Turnhout, Brepols, 2010, pp. 200-202.