“Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén.”.
León XIII (Pp. 1878-1903) impulsó con varios decretos y una encíclica la devoción y el patrocinio de San José sobre diferentes realidades; además, a él se atribuye la institución de los miércoles de San José. Sin embargo, la vinculación de San José con el miércoles ya es reconocida en un manual para sacerdotes editado en 1782. Este manual inscrito en la corriente de la composición y oración litánica consta de un reparto de devociones por cada día de la semana correspondiendo al miércoles la letanía de San José.
A continuación podemos ver las páginas de un ejemplar similar al citado aunque algo posterior. La feria IV (miércoles) tiene las letanías de San José y otras antífonas y oraciones al Santo Patriarca con la idea de que sirvan para recitar antes o después de oficio o la misa.
El domingo Gaudete se llama así por ser esta la primera palabra del introito. Estamos ante un día excepcional, pues en este tiempo de solemne y serena preparación para la llegada de Jesús, el III Domingo de Adviento se caracteriza por el carácter festivo; del mismo modo que sucede el IV Domingo de Cuaresma, conocido como Domingo Laetare, dentro de ese tiempo litúrgico. En este día, el color morado de los ornamentos y vestimentas del celebrante dejan paso al color rosa.
El texto de la antífona de introito está tomado de Filipenses 4, 4.5.6, y dice: Gaudete in Domino Semper: iterum dico, gaudete: modestia vestra nota sit ómnibus hominibus: Dominus prope est. Nihil solliciti sitis: sed in omni oratione petitiones vestrae innotescant apud Deum (“Gozaos siempre en el Señor: insisto, gozaos. Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. No temáis por nada; más bien, con oración y ruego, presentad vuestras peticiones a Dios”).
El versículo del introito se toma del salmo 84, y será también el texto del ofertorio de este día: Benedixisti, Domine, terram tuam: avertisti captivitatem Iacob: remisisti iniquitatem plebis tuae (“Señor, has sido bueno con tu tierra, has restaurado la suerte de Jacob”).
Centrémonos en el texto de la antífona y en su significado, revalorizado mediante la riqueza simbólica de la notación adiastemática. En el primer inciso observamos una serie de grafías, con movimiento ascendente, que conducen al clímax de la frase: Semper. El valor alargado de la sílaba inicial evita la acentuación de la misma, licuescente, y conduce hacia la sílaba tónica de la palabra gaudete. El quilisma con el que concluye la palabra proyecta el fraseo hacia la palabra Domino, que, no siendo acentuada, sí es alargada en su última sílaba con un torculus de articulación verbal, cuya función consiste en generar tensión y en anunciar o preparar el adverbio Semper, que representa el clímax del ‘crescendo’ patente en toda la frase.
Cabe destacar que la palabra gaudete no se desarrolla dentro de un movimiento melódico-rítmico extraordinario, sino dentro de la solemnidad y de la serenidad. Es una alegría; es el Domingo Gaudete. Pero es una alegría contenida; recordemos que estamos en Adviento.
La palabra Semper, no obstante, no representa el cúlmen melódico del canto. Este está en el centro del mismo: Nichil soliciti sitis (“No temáis por nada”). El Salvador, y con Él la salvación, está cerca. No hay nada que temer. Ese Nichil, con su unísono en el Do agudo, representa el deseo de confianza, el punto álgido del texto, a partir del cual se inicia un progresivo descenso hasta el final del canto, concluyendo con el mismo ambiente de serenidad con el que comenzó el introito.
Hoy, 8 de diciembre, celebramos la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Y en su liturgia existe una concesión especial para España: el uso del color azul. Aquí traemos un texto de D. José Ripoll a este respecto.
D. José Ripoll
El privilegio de poder emplear el color azul no es, sin embargo, el único concedido a España. Existe un breve pontificio, Ad hoc nos, rubricado por San Pío V (al que se añade el Pastoralis officii de Gregorio XIII) en el que se compendian todos los privilegios litúrgicos otorgados a nuestra nación, muchos de los cuales si bien han caído en desuso no debería ser óbice para conocerlos. Tales privilegios son el fruto de centenarias costumbres litúrgicas españolas -y no tanto una concesión graciosa en recompensa a determinados «méritos» como en ocasiones parece interpretarse- que recibieron tal reconocimiento después de haber sido solicitada la continuación de tales usos. Algo semejante ha sucedido con el color azul, que aún antes de la concesión del privilegio se habría comenzado a ser utilizar. Su uso resulta muy anterior a la misma proclamación del dogma por parte de Pío IX; por lo que parece,se comenzaría a utilizar en Sevilla al menos a raíz de la polémica entre maculistas e Inmaculistas en el siglo XVII. El primer reconocimiento de la posibilidad de usar este color tendría lugar en 1817, cuando Pío VII concedió su uso a la catedral de Sevilla para la fiesta de la Inmaculada y su octava. En 1879 la Sagrada Congregación de Ritos extendería este permiso a toda la archidiócesis hispalense. Finalmente el doce de febrero de 1883 según decreto promulgado por la Sagrada Congregación de Ritos se concede su uso las diócesis españolas y sus territorios para la solemnidad de la Inmaculada, su octava, y las misas votivas. Desde la supresión de la octava de la Inmaculada ya en el misal promulgado por Juan XXIII en 1962 acorde a las rúbricas de la instrucción Rubricarum instructum, el color azul queda reducido a la solemnidad de la Inmaculada y a las misas votivas de la Inmaculada. Y para las diócesis españolas, según lo que hemos indicado más arriba, cualquier otro uso está prohibido. No pensemos, sin embargo, que es nuestro país el único en el que veremos emplear vestiduras azules. Los antiguos territorios del Reino de Baviera (actual Estado Libre de Baviera) lo tiene concedido para la festividad de Santa María Reina y en Portugal para las fiestas de la Inmaculada y la Asunción. En todo caso, el uso abusivo de este color fuera de las fechas para las que está concedido supone desdibujar su sentido y el origen del privilegio: la devoción multisecular del pueblo español a la Inmaculada y la defensa del dogma. Fue precisamente en la archidiócesis de Sevilla, en el convento de San Antonio de Padua donde se conservarían -según la tradición- los más antiguos ornamentos confeccionados en color azul para celebrar a la Inmaculada.
En el capítulo cuarto y quinto del Proto evangelio de Santiago se nos narra como un ángel se parece a Joaquín y otro a Ana para hacerles la promesa de la descendencia que tanto habían esperado. Ana siente una doble bendición: Por un lado se sentía viuda porque Joaquin se había retirado al desierto, y ahora los recupera; y por otro la gran alegría de ser madre. Joaquín hace un sacrificio en el templo con el que se siente limpio, de esta manera con la pureza ritual María es concebida. Según la tradición, fue concebido a través del abrazo de Joaquin y Ana ante la puerta dorada: en la antigüedad el acto sexual es signo de pecado, por ello la narración apócrifa hace notar la pureza con la que Maria es concebida fuera de todo acto de pecado.
Proto-evangelio de Santiago IV-V
IV 1. Y he aquí que un ángel del Señor apareció, y le dijo: Ana, Ana, el Señor ha escuchado y atendido tu súplica. Concebirás, y parirás, y se hablará de tu progenitura en toda la tierra. Y Ana dijo: Tan cierto como el Señor, mi Dios, vive, si yo doy a luz un hijo, sea varón, sea hembra, lo llevaré como ofrenda al Señor, mi Dios, y permanecerá a su servicio todos los días de su vida.
2. Y he aquí que dos mensajeros llegaron a ella, diciéndole: Joaquín tu marido viene a ti con sus rebaños. Porque un ángel del Señor ha descendido hasta él, diciéndole: Joaquín, Joaquín, el Señor ha oído y aceptado tu ruego. Sal de aquí, porque tu mujer Ana concebirá en su seno.
3. Y Joaquín salió, y llamó a sus pastores, diciendo: Traedme diez corderos sin mácula, y serán para el Señor mi Dios; y doce terneros, y serán para los sacerdotes y para el Consejo de los Ancianos; y cien cabritos, y serán para los pobres del pueblo.
4. Y he aquí que Joaquín llegó con sus rebaños, y Ana, que lo esperaba en la puerta de su casa, lo vio venir, y, corriendo hacia él, le echó los brazos al cuello, diciendo: Ahora conozco que el Señor, mi Dios, me ha colmado de bendiciones; porque era viuda, y ya no lo soy; estaba sin hijo, y voy a concebir uno en mis entrañas. Y Joaquín guardó reposo en su hogar aquel primer día.
V 1. Y, al día siguiente, presentó sus ofrendas, diciendo entre sí de esta manera: Si el Señor Dios me es propicio, me concederá ver el disco de oro del Gran Sacerdote. Y, una vez hubo presentado sus ofrendas, fijó su mirada en el disco del Gran Sacerdote, cuando éste subía al altar, y no notó mancha alguna en sí mismo. Y Joaquín dijo: Ahora sé que el Señor me es propicio, y que me ha perdonado todos mis pecados. Y salió justificado del templo del Señor, y volvió a su casa.
2. Y los meses de Ana se cumplieron, y, al noveno, dio a luz. Y preguntó a la partera: ¿Qué he parido? La partera contestó: Una niña. Y Ana repuso: Mi alma se ha glorificado en este día. Y acostó a la niña en su cama. Y, transcurridos los días legales, Ana se lavó, dio el pecho a la niña, y la llamó María.
El Proto-evangelio de Santiago es un texto apócrifo del nuevo testamento. Se trata de una excepción dentro de los apócrifos ya que en él se contienen tradiciones que han pasado a la vida de la Iglesia y a la iconografía religiosa.
El objetivo de esta serie de textos es, ante todo, destacar el valor del canto gregoriano en y para la Iglesia, como se dijo en la presentación publicada el 21 de noviembre de 2020. No disponemos del tiempo necesario para profundizar en todos o en varios de los cantos del propio de cada domingo, tampoco es este medio la mejor manera para hacerlo; nos conformamos con aportar algunas pinceladas e ideas para cada domingo, sobre todo analizando el canto de entrada, el cual tiene como objeto introducirnos en el ambiente de la celebración.
Así, continuamos hoy nuestro camino litúrgico-musical, y en esta ocasión lo hacemos centrándonos en dos ideas: el comienzo del introito del II domingo de Adviento y la importancia de dos palabras en este tiempo litúrgico.
El texto de este canto está tomado de Isaías 39, 19.30, y dice: Populus Sion, ecce Dominus veniet ad salvandas gentes; et auditam facient Dominus gloriam vocis suae, in laetitia cordis vestri (Pueblo de Sión, mira que el Señor vendrá a salvar a las naciones; y el Señor hará oír la gloria de su voz en la alegría de vuestro corazón).
El profeta Isaías es, por excelencia, quien anunció la venida del Señor. Este anuncio vendrá marcado por dos palabras que se repiten constantemente en el Adviento: la partícula “ecce”, que se traduce como “he aquí”, “mirad”, “sabed”, y el verbo venir, casi siempre en futuro obviamente. Son muchas las antífonas que contienen estas palabras: Ecce veniet Propheta magnus, Ecce nomen Domini veniet, Da caelo veniet, EcceRexveniet y tantas otras. También aparecen en diferentes responsorios y en cantos del propio de la Misa, como en el introito Populus Sion, del II domingo de Adviento. Ecce es un término profético, una exclamación, una llamada de atención a la que suele seguir la la palabra veniet (vendrá) en referencia al Rey, al Señor, al Salvador. La partícula mencionada aparece normalmente abriendo los cantos; sin embargo, en esta ocasión no ocurre así. Y es que las primeras palabras del introito, por su significado, son más intensificadas al comienzo del canto, pues el anuncio de la llegada del Señor se hace al pueblo elegido (Populus Sion). Los amanuenses de las notaciones adiastemáticas que podemos ver en el Graduale Triplex [ver imagen], la del códice de Laon 239 (c. 885) arriba y la del códice de Einsiedeln 121 (c. 960) abajo, han intensificado la importancia de estas palabra. Laon lo hace, en primer lugar, adjuntando una ‘t’ de tenete tras el segundo sonido, produciendo una articulación antes de atacar el segundo pes. Completa la primera palabra con dos grandes uncini que nos invitan a amplificar la palabra Populus; lo que sucede también con el pes no cursivo, o alargado, con el que abre la palabra Sion. El notador de Einsiedeln hace lo propio con los dos neumas de la primera sílaba de Populus y con el pes quadratus, intensificado aún más con el tenete sobre Sion. Luego sí, y con un corte neumático tras la primera sílaba de ecce, esta palabra cobra la importancia que tiene en el tiempo del Adviento.
Para una mayor comprensión de estos textos, recomendamos leer la presentación publicada el 21 de noviembre de 2020, con enlaces a vídeos en los que se explica la historia del canto gregoriano y algunos aspectos técnicos y paleográficos. No obstante, no todos los comentarios los haremos desde la paleografía musical, sino también desde la elección y significado del texto y desde la elaboración estética.
Las tradiciones sobre la vida de Santa Bárbara son de lo más variopinto, aunque parece que todas ellas están de acuerdo en que la santa fue martirizada por su propio padre después de haberla sometido a diversos tormentos como por ejemplo la amputación de los senos, el vestirla con ropas tan rudas que le ocasionaron heridas por todo el cuerpo, la flagelación y el ser arrastrada desnuda por las calles. Muere degollada por su propio padre, quien justo después de este hecho fue aniquilado por un rayo. De ahí que Santa Bárbara sea la abogada contra los rayos y aquellos que corren peligro de ser alcanzados por uno. Además es patrona de los artilleros, mineros y bomberos. Habitualmente se le representa con una torre, símbolo de su profesión de fe. Su padre había mandado construir una torre para encerrar en ella a Santa Bárbara. Ésta consiguió modificar la construcción colocando tres ventanas en lugar de dos como signo de fe en la Trinidad.
Ha pasado al refranero popular castellano para referirse a los momentos en que dejamos para el momento crítico una acción que deberíamos haber hecho antes: «Solo te acuerdas de Santa Bárbara cuando truena».
B. Marconcini «Profetas menores», en Diccionario de los santos
De tendencia nacionalista, simpatiza probablemente con los asesinos de Amón (640 a. C.) y lucha por la pureza religiosa contra los cultos extranjeros, como la duración de los astros (1, 5). Con un estilo sencillo y eficaz proclama para Judá (1, 2 – 2, 3), las naciones (2, 4-15) y Jerusalén (3, 1-8) el día del Señor. Éste comporta una intervención de dios que juzga y castiga y, juzgando, salva; «día de ida será el día aquel, día de tribulación y de angustia, día de calamidad y de miseria…». Los humildes, en cambio, los pobres ante Dios (‘anawîm), serán salvados (2, 1-3; 3, 11-13). Un fragmento final posterior invita a la ciudad a la esperanza: «canta himnos, hija de Sion, alégrate, Israel… El señor, tu dios, está en medio de ti» (3, 14.17; cf. Lc 1, 28).
En el Adviento se suele leer sobre todo al profeta Isaías, pero también a otros profetas como Sofonías. Es el caso del tercer domingo de Adviento del ciclo C cuya primera lectura es la siguiente:
«Alégrate, hija de Sion, grita de gozo, Israel; regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén.El Señor ha revocado tu sentencia, ha expulsado a tu enemigo. El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti, no temerás mal alguno.Aquel día dirán a Jerusalén: «¡No temas! ¡Sión, no desfallezcas!»El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo como en día de fiesta».
B. Marconcini»Profetas menores», en Diccionario de los santos De tendencia nacionalista, simpatiza probablemente con los asesinos de Amón (640 a. C.) y lucha por la pureza religiosa contra los cultos extranjeros, como la duración de los astros (1, 5). Con un estilo sencillo y eficaz proclama para Judá (1, 2 – 2, 3), las naciones…
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