San Gil de Casayo. Monje de San Martín de Castañeda

Fuente: Real Academia de la Historia
Autor: P. Damián Yáñez Neira, OCSO

Gil de Casayo, San. El Bierzo (León), m. s. xii – Casayo (Orense), p. m. s. xiii. Monje benedictino (OSB) de Carracedo, enviado a San Martín de Castañeda para reformarle, y luego anacoreta en el priorato de Casayo, considerado santo por la tradición.

Como muchos santos de esta época, se hace difícil ofrecer una semblanza seria, por la carencia de documentos auténticos. Ante esta dificultad, no hay más remedio que acogerse al testimonio de historiadores sensatos que se han ocupado de sus vidas. Quien más ha profundizado en su vida fue el monje de Carracedo, gran historiador, fray Ambrosio Alonso. Él fue quien compuso un manuscrito precioso de noticias sobre el santo, demasiado genéricas. En él se exponía cuanto se decía en los documentos y recogió la tradición sobre la existencia y el culto a san Gil de Casayo, aunque con importantes lagunas. El mismo concepto de incertidumbre salta a la vista de la semblanza que sobre el santo ofrece el historiador del Bierzo, Augusto Quintana, quien a pesar de tanta documentación como ha manejado de toda la comarca, sólo ofrece suposiciones.

Se trata de un monje medieval que se formó en Carracedo —cuando allí todavía no se había introducido la reforma del Císter—, posiblemente a la sombra de san Florencio, que intentó introducirla a mediados del siglo xii, pero luego se retrasó hasta los últimos años del siglo, o comienzos del xiii. Por esos mismos años se trataba de adoptar igualmente la reforma en San Martín de Castañeda, y uno de los monjes enviados para reformar la vida monástica o bien para ayudar a la comunidad de San Pedro Cristiano, fue fray Gil. Allí permaneció algunos años, no en calidad de abad, como afirman no pocos autores, sino de simple monje, hasta que andando el tiempo fue destinado a un priorato dependiente del monasterio, llamado Santa Cruz de Casayo, sito en plena montaña berciana entre León y Orense.

En él estuvo varios años, atendiendo a los fieles que vivían en las cercanías del priorato; pero, sintiendo el carisma del eremitismo, con permiso de los superiores, se retiró a la aspereza de las montañas contiguas, para llevar vida eremítica, en compañía de otro monje, llamado fray Pedro Fresme, y ambos ermitaños vivieron, cada cual en su propia ermita a poca distancia uno del otro, entregados a la oración y contemplación de las cosas divinas. No se sabe lo que puede tener de verídico el hecho sostenido por algunos autores, quienes admiten, en los últimos años de su vida, la intervención de una cierva, compañera inseparable del santo, que sin duda le proporcionaría alimento con su leche. Es posible que muchos digan que se trata de un dato de la vida de otro santo del mismo nombre.

El principal biógrafo del santo, fray Ambrosio Alonso, escribe: “El caso de la Cierva se refiere del mismo modo, y en términos no muy distantes, en las vidas de muchos santos ermitaños, como en la de san Fructuoso, en la de san Gil Abad —el Atheniense, cuya fiesta celebra universalmente la Iglesia también en el día primero de septiembre— y en las de otros”.

Bien pudo suceder que los inmediatos autores de las vulgares rústicas loas que llaman de este san Gil, o confundiéndole ignorantes con el Atheniese, o procediendo atrevidos con libertad poética en el adorno de sus composiciones, le hayan acomodado el suceso de la cierva. “Con todo, hallándose varios casos paralelos, recibidos sin contradicción en las Actas de diferentes Santos, y no hallándose particular dificultad en que Dios honrase a nuestro Santo con la repetición de este suceso, en donde tanto abundaba y aún abunda la especie de estos brutos; bien podemos dejarle poseer de buena fe su Cierva”.

En el Libro Tumbo del Monasterio de San Martín de Castañeda, se lee: “Asta los años 1731 la víspera de San Gil que es el último día de agosto, se veía todos los años a la puerta de la Iglesia de San Gil de Casaio una zerbatica y estaba allí echada hasta el día siguiente a vista de todos los que iban a visitar el cuerpo del Santo”. Ambos solitarios perseveraron en el nuevo estado de vida, hasta que Dios llamó para sí a san Gil, y su compañero fray Pedro Fresme dejó constancia de su vida en una inscripción que durante siglos se conservó en la ermita. No es posible concretar fechas sobre la existencia y desarrollo de la vida del santo. Se puede situar su vida en la segunda mitad del siglo xii y en la primera del xiii.

En el siglo xvi, un sacerdote de Casayo, queriendo honrar mejor la memoria de san Gil, derribó la capilla primitiva —la misma que el santo había edificado— y levantó otra más suntuosa, que es la que, con notables reformas posteriores ha llegado hasta hoy. Los monjes de Carracedo le tuvieron por uno de sus santos más distinguidos, venerando con devoción su imagen, un relieve con la efigie del santo, vestido de hábito blanco de los monjes cistercienses y una inscripción que dice: “San Gil, monje de Carracedo, abad de San Martín de Castañeda y eremita en Casayo”. Hoy se halla este relieve en la ermita de San Roque en Cacabelos. También en el pueblo de Galende, en las inmediaciones del lago de Sanabria, recibe fervoroso culto, en una ermita que le está dedicada. Fue erigida en agradecimiento por un gran favor otorgado a un vecino del pueblo, quien hallándose completamente ciego recobró la vista, luego de encomendarse al santo. De aquí proviene que se le invoque de manera especial por los invidentes.

Fuentes y bibl.: Archivo Histórico Nacional, sign. 1298, fol. 762; Tumbo de San Martín de Castañeda, ms. 170-B; A. Alonso, Memorias para la historia de San Gil de Casayo Monge Cisterciense del Real monasterio de Nra. Señora de Carracedo, Abad del Real Monasterio de San Martin de Castañeda y Anachoreta en el valle de Casayo [este manuscrito —de 2 + 67 folios— era propiedad del que fue párroco de El Barco de Valedoras (Orense)].

A. Yepes, Crónica general de la Orden de San Benito, t. V, Valladolid, 1615, pág. 93 (ed. de Fr. J. Pérez de Urbel, Madrid, Atlas, 1959-1960); C. Henríquez, Menologium Cisterciense, Antuerpiae, ex oficina Plantiniana Balthasaris Moreti, 1664, pág. 295; A. de Heredia, Vidas de Santos, bienaventurados y venerables de la Orden de San Benito, t. III, Madrid, por Francisco Sanz, 1685, pág. 365; E. Flórez, España Sagrada, t. XVI, 1762, págs. 352 y ss.; S. Lenssen, Hagiologium Cisterciense, pro ms., Tilburg, 1951; A. Quintana Prieto, Santoral de la Diócesis de Astorga, Astorga, Gráficas Cornejo, 1966, pág. 41; D. Yáñez Neira, “San Gil de Casayo, monje y anacoreta”, en la revista Yermo, VII (1979), págs. 189-237.

® Real Academia de la Historia 2018

Fuente: Real Academia de la Historia
Autor: P. Damián Yáñez Neira, OCSO

El precursor del Señor, precursor de mártires y vírgenes.

Toda ciudad con historia tiene una parroquia, capilla, retablo, dedicado al santo precursor del Señor. Pero no todas las parroquias que están dedicadas a San Juan Bautista celebran hoy su titularidad: unas están referidas a su natividad (24 de junio) y otras a su martirio (29 de agosto). Sea como fuere San Juan Bautista como precursor del Señor tiene una gran importancia también en la liturgia.

Iconostasio Ruso. En el tercer piso se aprecia a Cristo en Majestad y la Virgen y San Juan Bautista flanqueándolo. En el resto de ese piso y los superiores los apóstoles y otros santos.

La imagen de San Juan Bautista, junto con la de la Virgen, flanquean al pantócrator de un tipo de representación artística cristiana que se ha llamado Deésis. Esta representación la encontramos en iconos, iconostasios, mosaicos y pinturas del cristianismo antiguo, sobre todo en los iconos de oriente: a Cristo, juez venidero, la Virgen y San Juan Bautista oran para interceder por los hombres. A estas imágenes de la Virgen y San Juan se unen frecuentemente otras de ángeles y santos creando un mosaico de iconos verdaderamente bello: oran intercediendo ante el Señor por vivos y muertos. Eso mismo es lo que nosotros, Iglesia peregrina, hacemos en la misa unidos a los ángeles y a los santos cuando celebramos la eucaristía: Acuérdate de la Iglesia, extendida por toda la tierra… Acuérdate de nuestros hermanos difuntos.

Este conglomerado de oraciones de la comunión de las tres Iglesias (iglesia triunfante del cielo, iglesia peregrina de la tierra e iglesia en la purificación del purgatorio) se expresa en el rito romano en el canon o plegaria eucarística I, la única existente en el rito antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. Podríamos decir que esta plegaria contiene una ‘Deésis literaria’: en el centro de la plegaria la consagración y la presencia de Cristo; antes y después dos listas de santos encabezadas por la Virgen y San Juan respectivamente; el resto de la plegaria es un mosaico de peticiones y restos de plegarias que se interpolaban dentro del canon. Fijándonos solo en las peticiones por vivos y difuntos, las listas de los santos y la presencia de Cristo en la consagración podríamos ver la Deésis del canon:

En una lectura actual que pueda enriquecer nuestra contemplación orante de las Deésis tanto pictóricas como literaria ofrecemos tres notas:

  1. El número simbólico de los nombres. Sabemos que existen algunos números simbólicos en las escrituras y en la espiritualidad entre los que destacan el número doce, el siete o el cuarenta. Estos tres números están insertos en la explicación de las dos listas de santos. Excluyendo a San José que fue insertado en el canon por el Papa Juan XXIII, el número total de santos es de cuarenta. Esto nos pone en una estrecha relación con algunos episodios bíblicos: el diluvio que dio origen a una nueva creación, los días que pasó Moisés en el Horeb en presencia de Dios, los años que caminó el pueblo por el desierto, los días de caminó Elías hasta el Horeb o el tiempo que Jonás permaneció dentro del cetáceo. Este número cuarenta de compone de dos series de doce nombres (número de las tribus y los apóstoles) y otras dos de siete (número de los días de la creación) ambas encabezadas por un santo: la Virgen y San Juan respectivamente.
  2. El listado de la Virgen. Dos de los cinco prefacios de la Virgen presentes en el misal romano hacen alusión a su espera orante junto a los apóstoles: admirablemente unida al misterio de la redención, perseveró con los apóstoles en la plegaria, mientras esperaban al Espíritu Santo (Prefacio IV). Más aún, esta espera orante la hace modelo de la Iglesia suplicante: Ella, esperando con los apóstoles la venida del Espíritu, al unir sus oraciones a las de los discípulos, se convirtió en el modelo de la Iglesia suplicante (Plegaria III). Continúa este último prefacio con la alusión a su acompañamiento y protección de la Iglesia peregrina después de su asunción a los cielos: Desde su asunción a los cielos, acompaña con amor materno a la Iglesia peregrina y protege sus pasos hacia la patria celeste, hasta la venida gloriosa del Señor. La lista de los santo que encabeza la Virgen son precisamente el colegio apostólico y doce sucesores, pastores, cabezas visibles de la iglesia peregrina por la que ella ora y con la que ella ora: veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; (la de su esposo, san José); la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, Santiago y Juan, Tomás, Santiago y Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián.
  3. El listado de San Juan. Siguiendo con los prefacios, el de San Juan Bautista nos ofrece una pista de los santos de la lista que encabeza: mostró al Cordero de la redención… y mereció darle el supremo testimonio derramando su sangre. El Cordero que quita el pecado y que invita a la cena (o mejor dicho el banquete de bodas) fue mostrado por San Juan hasta el derramamiento de su sangre. Como él, muchos otros después han dado su vida por mostrar la fe. La pureza del bautismo que predicó solo es comparable con la pureza de la virginidad que predicó con su ejemplo ascético. La lista de los santos que encabeza San Juan Bautista se compone por siete santos mártires y siete santas vírgenes y mártires: Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia y Anastasia.

Igual que cuando en oriente sienten con el iconostasio que hacen presentes los santos en la oración, nosotros tengamos en cuenta que todos los santos están orando con nosotros al Señor de la gloria: que interceden por nosotros Santa María con los Apóstoles y pastores, y San Juan Bautista con los mártires y las vírgenes. Por ello podemos llamar a María, reina de los Apóstoles y los pastores; por ello podríamos considerar a San Juan, no solo precursor del Señor, sino también profeta del martirio y la virginidad.


Dejamos algunas imágenes. Como se puede ver predominan los iconos y mosaicos, pero podemos ver un detalle del gran cuadro de El entierro del Conde de Orgaz de El Greco, en el que apreciamos a Cristo en la gloria y en un nivel inferior rodeados de los apóstoles y los santos, observamos a la Virgen y a San Juan suplicante por el alma que está llegando. No olvidemos que ‘El Greco’ es el sobrenombre de este pintor por su procedencia griega, y que hasta que se traslado a Italia a sus 26 años fue un prolífico pintor de iconos en Creta.

Dulzura y Sabiduría de Dios en San Agustín. Comentario a la liturgia mozárabe.

En la fiesta de San Agustín de Hipona, la liturgia hispano-mozárabe nos propone unas oraciones que pueden ayudarnos a descubrir algunos aspectos de la vida de este santo obispo.

LA DULZURA

Ya desde el Praelegendum (canto de entrada) escuchamos una oda a la dulzura de la predicación de San Agustín: De la boca del justo mana la miel, aleluya, la dulzura del panal está en su lengua, aleluya, un panal que destila son sus labios, aleluya, aleluya (Cant 4, 11; Sal 111, 2). La boca del obispo Agustín -como prefiere llamarlo este Rito- es esa boca del justo que destila miel: Su palabra de miel no sólo afianzó a los que estaban firmes, aumentando su vigor, sino que también trajo a la fe a los caídos y perdidos (Oratio Admonitionis – Monición sacerdotal).

Como dice el refrán de lo que está lleno el corazón rebosa la boca; es la dulzura de los preceptos de Dios la que mana por boca del obispo de Hipona: No nos olvidamos lo mismo que Agustín, saciado de la dulzura de tus secretos entre todos los rutilantes preceptos que exhalan el perfume de néctar de tus mandatos, que renuevan en casi toda la extensión del mundo, y tal como fueron derramados de su boca como flores, recomendó que nos acogiéramos a las banderas de tu paz (Ad Pacem, Oración de la Paz); Palabra eterna del Padre y lengua del dulce Engendrador, suavidad de la eternidad (Ad Orationem Dominicam, Introducción al Padre nuestro). La dulzura viene de Dios como también la sabiduría que ahora comentaremos: Que la Sabiduría de Dios Padre que aun siendo invisible, por nosotros se hizo visible, ilumine los secretos de vuestros corazones por intercesión de san Agustín (Benedictio, Bendición).

LA SABIDURÍA

Si con el canto de entrada introducíamos el tema anterior, ahora con el sacrificium (canto del ofertorio) comenzamos las referencias al tema de la inteligencia y la sabiduría que se exalta en el santo obispo de Hipona. De facto, el tema ya es introducido a través de la liturgia de la palabra, primero en el Psallendum o salmo de meditación (Sal 118, 97-98. 101. 51): Me haces más sabio que mis enemigos ; y después en el evangelio (Mt 11, 25-30): Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Precisamente toda una parte de la Alia (oración entre los dípticos) es una invitación a la humildad de los pequeños y al reconocimiento de que la inteligencia viene de Dios, aplicada a quienes se están iniciando en la doctrina (neófitos) y a los que la han dejado (herejes): Que los soberbios inclinen su cabeza a la humildad y los presuntuosos moderen la hinchazón de sus pensamientos. Sepan los iracundos reprimir la violencia de su ira y los envidiosos se dejen dominar por la benignidad. Que los sabios basen su ciencia en ti y los necios salgan de las tinieblas de la ignorancia. Amen los neófitos el renacer que da el agua del bautismo, y los judíos, deponiendo su obstinación, reconozcan el misterio de la encarnación de Cristo. Que los herejes conozcan plenamente la verdad y los cismáticos queden unidos a la fe católica.

Todo el canto de ofertorio tomado del libro de los Proverbios es una verdadera exhortación a dejarse llevar por la inteligencia divina:

Si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia, si la procuras como el dinero y la buscas como un tesoro, entonces comprenderás el temor del Señor, y alcanzarás el conocimiento de Dios. Porque es el Señor quien da sensatez, de su boca proceden saber e inteligencia, aleluya, aleluya.
V/. Así entrará en tu mente la sensatez, y sentirás gusto en el saber, la sagacidad te guardará, la prudencia te protegerá, para librarte del mal camino, del hombre que habla perversamente.
R/. Porque es el Señor quien da sensatez, de su boca proceden saber e inteligencia, aleluya, aleluya.

RECONOCIMIENTO A LA ALTURA DE LOS MÁRTIRES

La dulzura de su predicación y la inteligencia y sabiduría de sus libros desemboca en un reconocimiento de santidad que si bien no es el martirio, no es nada desdeñable. En esos términos se expresa la liturgia en dos de sus oraciones:

El obispo Agustín, no vamos a decir que sobresalga de las demás, pero tampoco podemos considerarla menos importante, pues aunque no esté señalada con el rojo de la sangre, tiene un más alto brillo por su predicación.

Oratio Admonitionis (monición sacerdotal).

NOTAS BIOGRÁFICAS

La amplia literatura litúrgica que caracteriza al rito hispano-mozárabe es toda una catequesis sobre la celebración, en este caso del obispo Agustín. En las oraciones podemos encontrar parte de su vida y doctrina que es presentada como sucesión de la doctrina apostólica por la Oratio Admonitionis: Tampoco hay que admirarse porque aborde cuestiones que ya se contienen en la predicación de los apóstoles.

  • La primera referencia que deberíamos mencionar es su conversión comparada a la de San Pablo:

Como Pablo, tocado interiormente por el soplo divino, al instante por la fuerza de la fe destruye lo que por largo tiempo había mantenido equivocadamente; defiende ahora lo que antes amenazador atacaba; ahora ansía fervorosamente por la fe lo que, cegado, antes odiaba.

Illatio, acción de gracias.
  • Existen algunas referencias a la teología trinitaria a la que él mismo se convirtió y luego enseñó:

Oh Padre sin principio, origen y fuente de la luz por medio de la luz verdadera, tu dulcísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, antes del cual no existes ni eres después del mismo, sino que, según aquel inefable modo de decir, siempre eres engendrador de aquel que es siempre engendrado y que de ambos procede la tercera persona, el Espíritu Santo, el Espíritu que no es una naturaleza distinta. Y así expresemos la secreta ansia del deseo del corazón, e iniciemos a honrarte, a ti, que nos harás bienaventurados: tú que convertiste a este pontífice de seguidor de la herejía maniquea a en cumplidor de tu fe.

Illatio, acción de gracias

Para que se haga presente en favor nuestro ante la suma Trinidad y único Dios, el que con su lengua, claramente, o al menos con enigma, y también con sus escritos, nos adoctrinaba en el conocimiento de la misma Trinidad.

Oratio Adminitionis, Monición sacerdotal

Luego los libros que comenzó a escribir en su juventud acerca de la inefable y única Trinidad, los terminó en su ancianidad, de modo que pudo cantar: «Desde mi juventud en mi oración busqué abiertamente la sabiduría; desde muy pronto pedía por ella y hasta el final estaré buscándola».

Illatio, acción de gracias
  • También alude a las herejías que combatió con sus libros:

Lo diga África, que fue infectada con el veneno de Donato

Illatio, acción de gracias

Las lágrimas y la constancia de una madre

La familia de la Orden de San Agustín se viste de fiesta. Mañana 28 de agosto se celebra su gran fiesta. Y como si de nuestros pequeños pueblos se tratara, que celebran junto a la fiesta patronal un día de recuerdo a quienes nos dieron la vida, la cultura y la fe, los hijos de San Agustín hoy recuerdan a quien le dio la vida y le introdujo hacia la vida eterna: Santa Mónica.

Santa Mónica nació en Tagaste en el año 311, casada con un pagano que le era infiel tiene tres hijos: Navigio se casó y tuvo hijos; Perpetua se casa, enviuda y se hace religiosa; y Agustín, el que haría derramar a Monica muchas lágrimas. Ella previno al que llegaría a ser obispo de Hipona y uno de los santos más sabios de la historia de la Iglesia, contra las inmoralidades del mundo en el que vivía y contra la herejía maniquea a la que se había convertido en búsqueda de la verdad. Sus lágrimas y sufrimientos le merecieron el premio de la conversión de su hijo y de la santidad reconocida.

San Agustín escribe de ella en sus Confesiones:

De modo, Señor, que desde aquella edad ya creía yo en Vos juntamente con mi madre y toda nuestra familia, exceptuando a mi padre solamente, cuyo respeto y autoridad nunca preponderó en mi estimación a la que yo tenía y hacía de la piedad de mi madre; y así no pudo él con su ejemplo apartarme del creer en mi Señor Jesucristo. Y por otra parte ponía mi madre toda su atención en procurar que a Vos, Dios mío, os tuviese por mi padre verdadero, más bien que al que me había engendrado. Y Vos, Señor, la ayudabais, haciendo que su dictamen y piedad prevaleciesen en mí, respecto de la autoridad y ejemplo del varón a quien ella no obstante obedecía y servía, siendo mejor que él; porque conocía que en esto os servía y obedecía a Vos, que se lo mandabais.

San Agustín, Confesiones, Libro I, 17.

Mas ¡ay de mí!, ¡ay Dios mío!, ¿cómo me atrevo a decir que Vos callabais, cuando yo me iba alejando más y más de Vos?, ¿acaso es verdad que callabais Vos, Dios mío, y no me llamabais? Pues ¿cuyas, sino vuestras, eran aquellas voces que resonaban en mis oídos, pronunciadas por boca de mi madre, fiel sierva vuestra, aunque nada de lo que me decía llegase a penetrar mi corazón, ni yo lo pusiese por obra? Porque bien me acuerdo de que mi madre deseaba mucho cogerme a solas, para amonestarme muy seria y encarecidamente (como lo ejecutó), que no tuviese trato ilícito con mujer alguna, y especialmente con mujer casada; pero a mí me parecían éstos unos consejos mujeriles, a los cuales me daría vergüenza obedecer. Mas ellos eran recados y avisos vuestros que mi madre me llevaba, y yo no lo conocía. Juzgaba yo que Vos estabais callando cuando mi madre me hablaba, y no cesabais de llamarme por su boca; y despreciándola yo, Vos erais en ello el despreciado por mí, siendo yo un infeliz siervo vuestro, hijo de una sierva vuestra.

San Agustín, Confesiones, Libro II, 7.

LITURGIA AGUSTINIANA

En la solemnidad de San Agustín que celebrarán mañana los agustinos, la liturgia de palabra ofrece una secuencia ad libitum (opcional). Recordemos que las secuencias son composiciones poéticas que nacieron unidas al Aleluya y que en la actualidad se recitan después de la segunda lectura. La liturgia actual conserva cuatro secuencias: Victimae Paschali del domingo de Pascua y su octava, Veni Sancte Spiritus del domingo de Pentecostés, Lauda Sion Salvatorem en la solemnidad del Corpus Christi y Stabat Mater en la memoria de la Virgen de los Dolores.

Dejamos a continuación la secuencia de San Agustín que nos sirve para la oración de estos días. Podemos dividirla en cuatro partes: I. La conversión; II. El combate contra las herejías; III. La regla religiosa que compone; IV. Su muerte; V. Elogio y gloria.

SECUENCIA (Ad libitum)
I. De un abismo de tinieblas
Brota una luz esplendente
Que hoy para el mundo fulgura.

Agustín, el que había sido
Presa del error, es dado
Como un honor a la Iglesia.

A la llamada divina,
Abraza la fe, y se acerca
A la fuente del bautismo.

II. Con elocuencia combate,
Y en sus escritos condena
Sus pasados extravíos.

Confirma la fe; modela
Las costumbres; su palabra
Destruye el error y el vicio.

Enmudece Fortunato,
Ceden Manes y Donato
Al fulgor de su palabra.

Aquel mundo en decadencia,
Ebrio de opiniones vanas
Y turgente de herejías,

Fruto abundante comienza
A producir, cuando esparce
La fe, Agustín, por el orbe.

III. Según norma de los fieles
De Jerusalén, ajusta
La vida del monacato.

Pues sus hermanos vivían
En común, sin nada propio
Que considerasen suyo.

IV. Para salvación del hombre
Él cultivó de por vida
las virtudes: murió anciano,
Y reposó con sus padres.

Nada dejó en testamento
Quien nada propio tenía,
Pues los bienes reputaba
Comunes con sus hermanos.

V. Salve, modelo de sabios,
De Cristo luz, voz celeste,
Pregonero de la vida,
Lumbrera de los doctores.

Los que Padre te proclaman,
Teniéndote como guía,
Consigan la vida eterna
En la gloria de los santos.
Amén.

PARTE I

«El alma tengo abrasada». En la Transverberación del corazón de Santa Teresa de Jesús

¿QUE ES LA TRANVERBERACIÓN?

Extasis de Santa Teresa de Bernini en la Iglesia de Santa de la Victoria (Roma)

La liturgia del Carmelo Teresiano recuerda hoy la Transverberación de la Santa Madre Teresa de Jesús. La escena, inmortalizada por Bernini en la iglesia de Santa María de la Victoria en Roma, nos la cuenta ella misma en el libro de su Vida: «Veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal… Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios… Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento»1.

LITERATURA Y ARTE PARA LA ORACIÓN

SEGUNDA LECTURA DEL OFICIO DE LA MEMORIA

De la Llama de amor viva de san Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia
(Llama B, canc. 2, 24. 9. 12. 8: EDE, 2008)

Me heriste el corazón

En el libro del Deuteronomio dice Moisés que nuestro Señor Dios es fuego consumidor, es a saber, fuego de amor. El cual, como sea de infinita fuerza, inestimablemente puede consumir y con gran fuerza abrasando transformar en sí lo que tocare; pero a cada uno abrasa como le halle dispuesto; a unos más, a otros menos, y también cuando él quiere y cómo y cuando quiere. Y, como él sea infinito fuego de amor, cuando él quiere tocar al alma algo apretadamente, es el ardor del alma en tan sumo grado de amor, que le parece al alma que está ardiendo sobre todos los ardores del mundo. Y, como quiera que este fuego divino tenga transformada en sí la sustancia del alma, no solamente siente cauterio, mas toda ella está hecha un cauterio de vehemente fuego.
Y es cosa admirable y digna de contar que, con ser este fuego de Dios tan vehemente consumidor, que con mayor facilidad consumirá mil mundos que el fuego una raspa de lino, no consuma y Ajabe los espíritus en que arde; sino que a la medida de su fuerza y ardor los deleite y endiose, ardiendo en ellos suavemente por la pureza de sus espíritus. Porque en estas comunicaciones, como su fin es engrandecer al alma, no la aprieta, sino ensánchala; no la fatiga, sino deléitala y clarifícala y enriquécela.
Y así, la dichosa alma que por grande ventura a este cauterio llega todo lo sabe, todo lo gusta, todo lo que quiere hace y se prospera y ninguno prevalece delante de ella, ni le toca, porque esta es de quien dice el Apóstol: El espiritual todo lo juzga, y él de ninguno es juzgado. [Y en otro lugar]: El Espíritu todo lo rastrea, hasta los profundos de Dios.
Acaecerá que el alma sienta embestir en ella un serafín con un dardo herbolado de amor encendidísimo, traspasando esta ascua encendida del alma, o, por mejor decir, aquella llama, y cauterízala subidamente. Y entonces siente el alma en la sustancia del espíritu, como en el corazón del alma traspasado.
Pocas almas llegan a esto; mas algunas han llegado, mayormente las de aquellos cuya virtud y espíritu se había de difundir en la sucesión de sus hijos, dando Dios la virtud y valor a la cabeza, según había de ser la sucesión de la casa, en las primicias del espíritu.
¡Oh dichosa llaga, hecha por quien no sabe sino sanar! ¡Oh venturosa y mucho dichosa llaga, pues no fuiste hecha sino para regalo y deleite del alma! Grande es la llaga, porque grande es el que la hizo; y grande es su regalo, pues el fuego de amor es infinito, y se mide según su capacidad. ¡Oh, pues, regalada llaga!, y tanto más subidamente regalada cuanto más en el centro íntimo de la sustancia tocó el cauterio de amor, abrasando todo lo que se pudo abrasar para regalar todo lo que se pudo regalar.

HIMNO DE VÍSPERAS

Hiere más, Esposo amado,
hiere más, hiere más,
que así la vida me das.

En tan amoroso herir,
solo tú has podido hallar
un morir que es alentar
y un matar que no es morir.
Expirar para vivir
fraguando en tu herida estás;
sabroso haces el sentir;
hiere más, hiere más,
que así la vida me das.

Con ese dardo encendido
logró tu amor sus hazañas,
bien lo sienten mis entrañas
hasta donde me has herido.
Ya está el corazón partido,
mas siempre uno lo hallarás;
y pues triunfas del vencido,
hiere más, hiere más,
que así la vida me das.

UN SONETO DE LOPE DE VEGA

Herida vais del Serafín, Teresa,
corred al agua, cierva blanca y parda,
que la fuente de vida que os aguarda,
también es fuego, y de abrasar no cesa.

 ¿Cómo subís por la montaña espesa
del rígido Carmelo tan gallarda,
que con descalzos pies no os acobarda
del alto fin la inaccesible empresa?

Serafín cazador el dardo os tira,
para que os deje estática la punta,
y las plumas se os queden en la palma.

Con razón vuestra ciencia el mundo admira,
si el seráfico fuego a Dios os junta,
y cuanto veis en él, traslada el alma.

Josefa de Bidos. 1672 Óleo S/ tela. 108 X 140.Iglesia de Cascais. Portugal.
Rubens. Grabado de Sta. Teresa de Ávila de rodillas ante Cristo.
IMÁGENES

Fotos e información en:

https://www.flickr.com/photos/avilas/7669781346
Anónimo, Óleo, S. XVIII. Museo de Arte Virreinal del monasterio de San José y Santa Teresa. Arequipa, Perú.
Atribuido a Alonso del Arco. La transververacion de Sta. Teresa.1750, Óleo S/ tela. Colección Particular, Filadelfia.
Escuela de Cuzco. 1690. Óleo. Convento del Carmen San José, Santiago, Chile
Gian L. Bernini. Transveveración de Santa Teresa de Jesús.

1 Breviario Carmelitano. Monición a la memoria de la Transverberación.

San Luis de Francia. Cruzado, franciscano y rey justo

UN DÍA COMO HOY…

… el 25 de agosto de 1270 fallecía el Rey de Francia, franciscano de la tercera orden y cruzado, Luis IX. Hijo de Luis VIII de Francia y de Blanca de Portugal. Tras una grave enfermedad en que hizo voto de ir a Tierra Santa, no quiso conmutarlo por otra penitencia -práctica habitual entre los señores de su clase- y acudió a Tierra Santa. La experiencia de la Cruzada en Tierra Santa se volvería a repetir en una segunda ocasión en la cual una epidemia extendida en el campamento acabaría con su vida.

Se le representa a menudo con la corona de espinas en la mano haciendo alusión a su adquisición en las cruzadas y la posterior construcción de la Santa Capilla de París que albergaba diferentes reliquias de la cristiandad.

LA CRUZADA, MOMENTO DE CONVERSIÓN

Los años de la cruzada dieron un profundo cambio a la vida de Luis IX. Hacerse cruzado, en efecto, no significaba solamente ir a la guerra contra los infieles: se trataba también y sobre todo de una experiencia religiosa que se traducía en un estilo de vida penitencial y en la exigencia de un mayor rigor moral. Es posible constatarlo en las decisiones tomadas por el soberano en 1247, antes de partir para Oriente, y de modo particular en la gran investigación llevada a cabo por él para reprimir los abusos de la administración real: fueron enviados inspectores, elegidos a menudo entre los miembros de las órdenes mendicantes, a todos los dominios reales para recoger las quejas de los súbditos que se creían perjudicados o tratados injustamente por los agentes del rey. Era como si hubiera querido extender a sus funciones las exigencias de purificación y expiación que trataba de practicar en su vida privada1.

TRES CURIOSIDADES FAMILIARES

I. Como curiosidad de piedad por las cruzadas, ya el abuelo de Luis IX, Alfonso VIII de Castilla, pidió al papa Inocencio III la predicación de una cruzada contra el dominio en la península ibérica del califa almohade Muhámmad an-Násir, al que derrotaría en la conocida batalla de las Navas de Tolosa (1212).

II. Alfonso de VIII de Castilla que quiso recuperar la cristiandad para la península tuvo dos nietos santos: de su hija Blanca casada con el rey Luis VIII de Francia, Luis IX; y de su hija Berenguela casada con el rey Alfonso IX de León a Fernando III. Por tanto, San Luis IX de Francia y San Fernando III de Castilla y León son primos.

III. Un nieto de San Luis IX de Francia fue el primer duque de Borbón y fundador de la dinastía del mismo nombre. Se trata del duque Juan I de Borbón hijo de Roberto, Conde de Clermont (décimo hijo del rey) y Beatriz de Borbón.

1 A. Vauchez, «Luis IX» en Diccionario de los santos, Madrid 2000, 1505.

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EL ARCA DEL REY
EL ARCA Y EL ENEMIGO

San Óscar Romero. ‘Resucitaré en el pueblo salvadoreño’

Conferencia impartida en el contexto del ciclo ‘Perfiles Espirituales’ del Centro Teológico San Agustín (Real Centro Universitario Escorial – María Cristina) en El Escorial (Madrid). Algunos de los días más importantes en la vida de San Óscar Romero:

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