Un motivo para componer ‘La muerte no es final’ (Cesáreo Garabáin)

UN DÍA COMO HOY…

… en 1936 nació Cesáreo Garabáin. Sacerdote y compositor de muchos de los cantos más populares, muere en 1991 con tan solo 55 años dejando cerca de 500 canciones.

‘LA MUERTE NO ES EL FINAL’

Entre sus obras destaca ‘La muerte no es el final’ por haber sido adoptada por las fuerzas armadas como himno en sus actos fúnebres. Este canto fue compuesto por Garabáin a raíz del fallecimiento del joven organista de su parroquia: Juan Pablo que falleció a los 17 años.

ALGUNOS CANTOS MÁS POPULARES

Al atardecer de la vida

Hoy he vuelto (Cuantas veces siendo niño)

Iglesia Peregrina

Id y enseñad

San Simón Stock. El santo del escapulario

‘El santo del escapulario’, como lo llamó San Juan Pablo II, es San Simón Stock. Sexto general de los carmelitas, su nombre ‘Stock’ habla sobre la vida de austeridad que llevaba viviendo en el hueco de la corteza de un árbol.

Recién llegados los carmelitas a Inglaterra conocen a Simón y pronto les llama la atención su gran piedad. Ingresa en Orden del Carmelo llegando a ser superior de la Orden. Durante los veinte años que fue superior San Luis, rey de Francia, introdujo la orden en su país; y los papas Honorio III, Gregorio IX e Inocencio IV ayudaron a Simón a la corrección de la regla.

A San Simón Stock la orden carmelita debe dos elementos esenciales de su espiritualidad: la transformación de la orden de eremítica a mendicante y de esta forma su expansión por Europa; y la aparición y promesa del Santo Escapulario de la Virgen le entregó como medio de salvación para los miembros de la orden.

Su amor a la Virgen le llevó a componer algunos himnos que han llegado hasta hoy en la liturgia carmelita: Flos Carmeli y Ave Stella Matutina.

Flos Carmeli

El himno escrito por San Simón Stock en latín y su versión gregoriana; y una versión en Español.

Latín

Flos Carmeli,
vitis florigera,
splendor caeli,
virgo puerpera singularis.

Mater mitis
sed viri nescia
Carmelitis
da privilegia
Stella Maris.

Radix Jesse
germinans flosculum
nos ad esse
tecum in saeculum
patiaris.

Inter spinas
quae crescis lilium
serva puras
mentes fragilium
tutelaris.

Armatura
fortis pugnantium
furunt bella
tende praesidium
scapularis.

Per incerta
prudens consilium
per adversa
iuge solatium
largiaris.

Mater dulcis
Carmeli domina,
plebem tuam
reple laetitia
qua bearis.

Paradisi
clavis et ianua,
fac nos duci
quo, Mater, gloria
coronaris.
Amen. (Alleluia.)

Español

Flor del Carmelo, 
viña florida,
esplendor del cielo,
Virgen fecunda y singular.

Madre tierna,
intacta de hombre,
muéstrate propicia
con los carmelitas
¡Estrella del mar!

Raíz de Jesé
que has germinado una flor [Jesús],
permítenos estar siempre
cerca de ti.

Lirio que creces
entre las espinas,
consérvanos puros,
a nosotros
que somos tan débiles.

Tú que eres la armadura
fuerte del que lucha,
cuando la guerra enfurece,
danos la defensa
de tu escapulario.

En las dudas
danos consejos
prudentes,
en las adversidades
danos tu consuelo.

Dulce Madre,
Señora del Carmelo,
al tu pueblo
que has elegido
llénalo de alegría.

Puerta y llave del paraíso,
Madre haz
que alcancemos
el lugar donde estás
coronada de gloria.
Amén. Aleluya.

San Isidro y el milagro del molino

Cuando llega el 15 de mayo, los agricultores prontos a pedir la protección para sus campos, preparan la imagen del Santo patrono de la agricultura en España: San Isidro, labrador de Madrid. Su imagen, acompañada frecuentemente de un ángel que dirige una pareja de bueyes arando hace referencia a uno de los milagros: mientras Isidro ora, los bueyes labran la tierra ellos solos como guiados por un ángel. Pero no es el único milagro que se conoce en antiguos anales sobre el santo.

En el Códice de Juan Diácono (s. XIII) donde se recoge la vida y algunos himnos del santo madrileño, recopila algunos milagros. Entre otros nos encontramos el milagro del molino o la harina:

MILAGRO DEL MOLINO

Alimentaba, según sus posibilidades, no sólo a los hombres, aunque no era rico, «como si nada tuviera y todo lo poseyera», sino también a las aves que padecían hambre y frío. Y así, sucedió que un día de invierno en que la nieve cubría la tierra, yendo a moler trigo en compañía de su pequeño hijo, vio una bandada de palomas posada en las ramas de los árboles y, percatándose de que corrían peligro de muerte por el hambre demasiado prolongada, compadeciéndose de ellas, apartó la nieve de la tierra con sus manos y sus pies, y echó abundancia del trigo que había aprestado para sus necesidades. Un acompañante suyo, al ver esto, se enojó y, en medio de mofas, juzgó al bienaventurado Isidro como a un necio por derrochar el trigo. Sin embargo, al llegar al molino no se halló en el saco de Isidro mengua alguna de trigo; al contrario, lo que es milagroso, hasta tal punto creció la harina, que los dos hombres llenaron a rebosar de sus sacos, que antes estaban casi a la mitad.

Codice de Juan Diácono (s. XIII)

Este Códice recoge también algunos himnos sobre el Santo labrador que suenan así:

San Matías y el Domingo perdido

Y se preguntará mi lector, ¿cómo se pierde un domingo? Si fuera un llavero o un bolígrafo, podría perderse pero un domingo parece imposible de perder. Hoy, 14 de mayo, celebramos la fiesta de San Matías, el apóstol que sustituyendo a Judas restaura el número doce de los apóstoles. El capítulo primero del libro de los Hechos de los Apóstoles narra su elección después de la Ascensión del Señor a los cielos e inmediatamente antes de Pentecostés.

Cita Texto
1,1-2Prólogo
1,3-8Últimas instrucciones
1,9-11Ascensión
1,12-14Regreso al cenáculo
1,15-26Elección de Matías
2,1-11Pentecostés

A los cuarenta días de la resurrección, el Señor ascendió al cielo y diez días más tarde el Espíritu Santo descendió sobre la Virgen y los apóstoles reunidos en oración. De forma que la Iglesia, siguiendo esta cronología, celebra la Ascensión del Señor el Jueves de la sexta semana de Pascua y en el octavo domingo después de Pascua se conmemora Pentecostés. Un domingo queda en medio: el séptimo domingo. De los tres ciclos de lecturas dominicales, dos de ellos usan lecturas situadas entre la Ascensión y Pentecostés. Concretamente en el ciclo B se lee la elección de Matías.

ABC
Regreso al cenáculo después de la Ascensión Elección de MatíasLapidación de Esteban

La Ascención del Señor es una de las solemnidades que la Iglesia permite su traslado al domingo para facilitar que los fieles puedan celebrarla. En España, la Ascensión del Señor ha sido trasladada al VII Domingo de Pascua de forma que las lecturas ese domingo no se leen nunca.

Ahora entenderá el lector que el VII Domingo de Pascua del ciclo B, que podríamos llamar de Matías por la primera lectura, se puede considerar perdido. No obstante, la fiesta de San Matías, que siempre se celebra en Pascua, nos ofrece esta lectura:

Uno de aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos (había reunidas unas ciento veinte personas) y dijo: «Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, el que hizo de guía de los que arrestaron a Jesús, pues era de nuestro grupo y le cupo en suerte compartir este ministerio. Y es que en el libro de los Salmos está escrito: “Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella”, y también: “Que su cargo lo ocupe otro”. Es necesario, por tanto, que uno de los que nos acompañaron todo el tiempo en que convivió con nosotros el Señor Jesús, comenzando en el bautismo de Juan hasta el día en que nos fue quitado y llevado al cielo, se asocie a nosotros como testigo de su resurrección. Propusieron dos: José, llamado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. Y rezando, dijeron: «Señor, tú que penetras el corazón de todos, muéstranos a cuál de los dos has elegido para que ocupe el puesto de este ministerio y apostolado, del que ha prevaricado Judas para marcharse a su propio puesto». Les repartieron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.

Hch 1, 15-17. 20-26.

San Isidoro de Quíos y San Isidro de Dueñas

El monasterio de San Isidro de Dueñas cuenta con una curiosa historia en torno a su nombre. Isidro e Isidoro forman provienen de la misma raíz latina. Un motivo más que suficiente para poder confundir ambos santos máxime si celebramos sus fiestas con un día de diferencia: San Isidoro de Quíos el 14 de Mayo y San Isidro, labrador, el 15 de mayo. Motivo por el cual puede llevar a equivoco al visitante de la Abadía Cisterciense sita cerca de Dueñas (Palencia). El nombre de San Isidro hace referencia a San Isidoro de Quíos y no al labrador madrileño tan celebrado en los pueblos de Castilla. Dejamos las antiguas lecturas de los maitines del titular del monasterio que narra su historia.

SAN ISIDORO DE QUÍOS

 Lecturas de maitines del oficio de san Isidoro.

Primera lectura. El hecho de que el emperador Decio persiguiera a los cristianos fue debido sobre todo a que diera muerte con sus engaños al emperador Filipo y a su hijo Filipo. Filipo padre, fue el primer emperador cristiano entre los romanos. En odio a ellos Decio dio muerte a una innumerable multitud de cristianos en medio de gravísimos tormentos.

Segunda lectura. Este, pues, mandó, a este fin, al pretor numeriano a la isla de Quíos que está entre Lesbos y Samos. Se encontraba en su asamblea Isidoro nacido en Alejandría de Egipto, aunque no se presentaba como cristiano.

Tercera lectura. habiendo llegado a Quíos, se hospedó, junto con su compañero Amelio, en casa de una cierta Afra que llevaba un prostíbulo con la compañía de tres jóvenes. Con el fin de alejar de tan torpe negocio a Afra y sus jóvenes, trataba de ganarlas para Cristo.

Cuarta lectura. Cierta noche, mientras Isidoro predicaba a Afra y a sus jóvenes, se apagó la lámpara; en esto, apagada la luz, apareció una luz divina que iluminó con maravilloso resplandor toda la casa.

Quinta lectura. ante semejante prodigio, quedaron maravilladas, hasta el punto que Afra y las jóvenes, convertidas a la fe de Cristo, fueron bautizadas por el sacerdote Filoronio. El diablo, por su parte, protestaba a gritos que le habían sido arrebatadas aquellas mujeres que le pertenecían. Como respuesta, Isidoro le mandó que matara al dragón que, dueño del pozo, dañaba a muchos.

Sexta lectura. El Pretor numeriano habiendo descubierto que Isidoro predicaba la gloria de Cristo, mando tenderle como a un tambor y azotado cruelmente con nervios de toro; y echado, después, en un horno encendido. al no sufrir ningún daño, numeriano, finalmente, mandó que fuera decapitado. Esto ocurrió el año doscientos tres, el quince de mayo.

Séptima lectura. habiendo sido echado su cuerpo en un pozo, fue sacado por Amelio quien le dio sepultura. El agua de este pozo cura a quienes padecen graves enfermedades. El cuerpo de Isidoro, pasados unos años, fue llevado a Venecia.

Octava lectura. El Emperador Decio, del que antes hemos hablado, mientras luchaba contra los Godos, en Abricio, de Tracia, pereció con su hijo y todo su ejército, Su cuerpo, sumergido en el barro de las lagunas, jamás apareció.

Evangelio fuera de Pascua: «nisi granum frumenti…», en el común de un mártir., fol. cxiiij. En tiempo pascual: «Ego sum vitis vera”, fol. cxlvj.

(Traducción: P. Luis tarracó, ocso.)

Breviario monástico. Archivo abadía de Silos, Breviarium Monasticum secundum Consuetudinem Monachorum ordinis Beatissimi Patris nostri Benedicti Congregationis S. Benedicti Vallisoletani. Salamanca, 1568, fols. 244-244v.
Publicado en LOPEZ SERRA, J., «San Isidoro de Quíos, mártir. Titular del monasterio de San Isidro de Dueñas», PITTM, 80, Palencia, 2009, pp. 405-453.

PD: Saludos al Hno. Pablo de María Colmenar Vázquez.

Luz, creación y redención. Una oración del VI Domingo de Pascua Hispano-Mozárabe

Queridos hermanos, siempre la voluntad debe estar orientada hacia Dios con solicitud, hacia el Señor con acción de gracias. Pero sobre todo ahora, al celebrar este misterio, la mente debe ser más ardiente, la esperanza más dispuesta, la fe más viva; debe de exultar con gozo celeste y religioso y con comedida alegría, y desplegar ante la presencia del Señor el afecto del corazón piadoso: Si alguien se halla postrado por dejadez o inercia, al menos en este día, imitando a su Señor, levántese de la realidad y bajeza terrestre.

Este es el día en que actuó el Señor de todo, principio de la gloria y de  los elementos, inicio de vida y de salvación. Reconozca a su creador el mundo creado en este día y entienda el hombre que en este mismo día ha sido liberado.
Alégrense los cielos, goce la tierra; aprendan los vivos cómo evitar la muerte. Comience la luz a ser más brillante, el sol más resplandeciente, e ilumine el tiempo de la resurrección ya que estuvo escondido en la hora de la pasión. La oración fiel por todos los miembros de la Iglesia por todas las iglesias y celebraciones sagradas sea una confiada interpelación lejos de cualquier duda; que el amor misericordioso invocado en esta celebración manifieste toda su eficacia en el futuro.
R/. Amén.

Por la misericordia del mismo Cristo, Dios nuestro, que con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

Misa hispano-mozárabe. VI Domingo de Pascua (Año II). Oratio Admonitionis.
https://www.hispanomozarabe.es/Liturgia/Renov/mis-pas6-2.htm#admonitionis
Página de esta Oratio Admonitionis del VI Domingo de Pascua en el Missale Mixtum de 1500

La Oratio Admonitionis (monición sacerdotal) es la introducción a las intercesiones solemnes de la Misa hispano-mozárabe. Estas intercesiones, para que podamos entender mejor, equivalen a la oración universal o de los fieles (peticiones) de la Misa en Rito Romano. Hay que tener en cuenta que la procesión de ofrendas y el canto de ofertorio o sacrificium acaba de suceder, y los dones de pan y vino ya se encuentran sobre el altar cubiertos con un velo. Por tanto, seguidamente de estas intercesiones comienza la plegaria eucarística y la consagración. Entonces podemos considerar que esta Oratio Admonitionis invita e introduce a orar primero con las intercesiones y seguidamente con la oración por excelencia: la plegaria eucarística. Los prenotandos del misal hispano-mozárabe dice sobre esta oración que ‘es la de preparar la asamblea a ejercer el don de la oración en la gran plegaria universal que va a comenzar’ (n. 43). Y San Isidoro en el mismo sentido afirma que es la ‘admonición sobre el Pueblo para que se disponga a invocar a Dios’.

Luz, creación y redención se dan cita entre los temas que trata esta oración. Con ellos podemos entender no solo el sentido de este sexto domingo de Pascua, sino tres aspectos comunes al Dies Domini en general. Siguiendo el orden de la oración en las frases que hemos subrayado más arriba podemos hacer cuatro breves comentarios:

  1. «Si alguien se halla postrado por dejadez o inercia, al menos en este día, imitando a su Señor, levántese de la realidad y bajeza terrestre». La postración (tumbarse) es signo de humillación, de reconocimiento de que sólo merecemos volver al polvo de donde fuimos sacados. Podemos orar con el salmista. «Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: ‘Retornad, hijos de Adán’… ¿Quien conoce la vehemencia de tu ira, quién ha sentido el peso de tu cólera?» (Sal 89, 3. 11). El peso de la cólera de Dios o el peso de nuestros pecados hace que nuestras rodillas se doblen ante él. Arrodillarse también puede tener este sentido penitencial. El peso de nuestros pecados nos hace caer por tierra: ‘Mis culpas sobrepasan mi cabeza, son un peso superior a mis fuerzas’ (Sal 37,5). Nosotros, en muchas ocasiones, hemos perdido la gestualidad del cuerpo, pero en la antigüedad la orientación, la postura corporal o la expresión externa de los sentimientos religiosos era mucho mayor. La indicación de la monición no es una simple actitud interior de no sentirnos agobiados y avergonzados de nuestro pecado, sino que era una verdadera indicación a no orar de rodillas o postrados en este día del Señor. Así lo expreso el II Concilio de Braga (año 572): «Según la tradición apostólica, contenida en un canon antiguo, se tuvo por bien que tanto todos los domingos como todos los días de la Pascua hasta Pentecostés, hagamos nuestras oraciones , no postrados ni humillados, sino con el rostro levantado hacia el Señor, porque en estos días celebramos el gozo de la Resurrección del Señor». Norma que ha quedado hasta hoy: la letanía del sacramento del orden «en los domingos y durante el Tiempo pascual, se hace estando todos de pie, y en los demás días, de rodillas» (Pontifical Romano. Ordenación del Obispo, los presbíteros y los diáconos, 42).
  2. Las indicaciones del primer párrafo dejan espacio a las referencias del segundo párrafo. «Este es el día en que actuó el Señor» (Sal 117,24) es el clamor pascual por excelencia. En la liturgia romana se canta toda la octava de Pascua y es el Salmo Pascual que precede al evangelio de la Vigilia. Todo el salmo es una acción de gracias ante la actuación prodigiosa de Dios.
  3. «Reconozca a su creador el mundo creado en este día». Es la primera forma de actuación de Dios el primer día de la semana: el domingo. Domingo, que etimológicamente significa día del Señor, es en el que las mujeres acudieron al sepulcro y lo encontraron vacío: «El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro» (Jn 20,1). El primer día de la primera semana Dios actuó iniciando la creación del mundo. Por ello en el domingo estamos llamados, como criaturas de Dios, a alabar y bendecir a quien nos ha creado y nos ha dado todo lo que existe.
  4. Ese primer día de esa primera semana inicia la creación con la luz: «Dijo Dios: «Exista la luz». Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla. Llamó Dios a la luz «día» y a la tiniebla llamó «noche». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero». (Gen 1,3-5). La luz es el símbolo de Cristo resucitado, tal y como se canta el el pregón Pascual: «Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo: ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado que, al salir del sepulcro brilla sereno para el linaje humano» (Pregón pascual del rito romano). Fue así profetizado por Simeón en el templo cuando dijo del niño que es «luz para alumbrar a las naciones» (Lc …..). El mismo Jesús declaró que él era la luz del mundo (cf. Jn 8, 12). Y existe una larga tradición de invocaciones litúrgicas que aclaman y saludan a la luz como a Cristo mismo: «Contemplemos al que es verdadero Dios, cantándole, en primer lugar, esta aclamación: ‘¡Salve, oh luz!'» (Clemente de Alejandría, +213); «¡Salve, Cristo, guía de la vida, luz sin ocaso!» (Metodio de Olimpo, +311). A esta misma tradición espiritual responden las palabras: «Comience la luz a ser más brillante, el sol más resplandeciente, e ilumine el tiempo de la resurrección ya que estuvo escondido en la hora de la pasión».

Se esconde el sol porque crucificando al que es la luz sin ocaso, no queda más que tinieblas sobre la tierra (cf. Lc 23,44-45); pero cada domingo (y por extensión cada día de la Pascua) sentimos que Dios actúa re-creándonos y resucitándonos. Por ello, nada de penitencia: imitemos al Señor, alcemos la cabeza, sintámonos resucitados por él.

La Virgen de Cova de Iria

Celebramos hoy la memoria de las apariciones de la Virgen de Fatima en el lugar de Cova de Iria donde está situada la primera capilla de las apariciones a los tres pastorcillos: Lucía, Francisco y Jacinta.

Una de las canciones más populares es el Ave María de Fátima que narra precisamente la historia de las apariciones.

Para saber un poco más de San Atilano, primer obispo de Zamora

Una de las revistas de investigación más importante Hispania Sacra del CSIC ha publicado en el número 144 (2019) un artículos sobre el primer obispo de Zamora.

El artículo Atilano de Zamora: santo, obispo y profeta (ss. IX-X) de Charles García examina los detalles históricos de San Atilano (vida y reliquias) y de la fundación de la diócesis de Zamora, sin dejar de hacerse eco de la leyenda del anillo. Ofrece al final una serie de fuentes documentales y de bibliografía.

Un artículo para los que quieran conocer un poco de la historia de la diócesis de Zamora con material para los que quieran conocer más aún de esa época.

Ficha del artículo

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El perejil de San Pancracio

Unas de las devociones más extendidas entre comerciantes o tenderos, pero que no se agota en ellos es la típica imagen de San Pancracio. Algunos de ellos conservan la moneda de 25 pesetas en su brazo como signo de petición de dinero al santo. Lo que seguro que es posible es colocarle las ramitas de perejil, símbolo de la prosperidad que queremos nos dé este santo.

Retablo con San Pancracio en el centro

Pero, ¿quién fue San Pancracio? El Martirologio en el día 12 de mayo dice:

San Pancracio, mártir, que, según la tradición, murió también en Roma en plena adolescencia por su fe en Cristo, siendo sepultado en la vía Aurelia, a dos miliarios de la Urbe. El papa san Símaco levantó una célebre basílica sobre su sepulcro y el papa san Gregorio I Magno convocaba a menudo al pueblo en torno al mismo sepulcro, para que recibieran el testimonio del verdadero amor cristiano. En este día se conmemora la sepultura de este mártir romano (s. IV in.).

Martirologio Romano

La respuesta a la pregunta es que fue un adolescente que dió testimonio en la época de la persecución de Diocleciano. Su sepulcro pronto fue lugar de devoción. Tal como deja atestiguado San Gregorio de Tours (538-594) en su obra In gloria martyrum, San Pacracio era invocado contra los perjurios e injurias que podían sufrir sus devotos. Gozó de gran fama en Roma hasta el punto de solicitar sepultura cerca de su sepulcro. En España no tuvo especial devoción en la antigüedad aunque algunos calendarios mozárabes lo mencionan, como es el caso del calendario del Antifonario de León (s. X).

Hoja del Calendario del ‘Antifonario de León’ (s. X) correspondiente a los meses de mayo y junio donde está inscrito el nombre de San Pancracio

San Mamerto y las letanías menores de las rogativas

En el martirologio el 11 de mayo se lee:

En Vienne, en la Galia Lugdunense, san Mamerto, obispo, que, con motivo de una inminente desgracia, instituyó en esta ciudad unas solemnes letanías para el triduo preparatorio de la fiesta de la Ascensión del Señor (c. 475).

San Mamerto, después de que surgieran algunas desgracias en su diocesis y en el país galo, instituye hacia el 470 las letanías menores: tres días penitenciales anteriores a la Ascensión del Señor. Contrastan con las letanías mayores del 25 de abril (San Marcos). Estas letanías se decretan obligatorias para toda Francia en el Concilio de Orange de 511. Dado su carácter penitencial en tiempo de Pascua, en Roma son reticentes a su introducción en la liturgia hasta que León III (inicios del s. IX) comienza su uso que se extiende posteriormente a otros lugares.