Revista de la Universidad de Navarra. La revista está disponible con un embargo de los últimos tres años. En ella se pueden encontrar interesantes artículos de teología litúrgica.
Revista ‘Pastoral Litúrgica’
Revista de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española.
Liturgia de Santa Teresa de Jesús
Para celebrar y conocer los textos de la fiesta de Santa Teresa ofrecemos los textos de la Misa y del Oficio.
Relacionado con el 15 de octubre
La morada de Dios en Santa Teresa
Hoy la Iglesia celebra a Santa Teresa de Jesús y para muchos hablar de los detalles biográficos de su vida es redundar en lo sabido. Por eso ofrecemos un texto de esta gran santa, declarada por Pablo VI doctora de la Iglesia en el año 1970, que ilumina las palabras que la liturgia carmelitana contiene en el prefacio de su fiesta:
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
proclamar, Señor, tus maravillas
en la perfección de tus santos y cantar tus misericordias
con santa Teresa, (nuestra madre),
al celebrar hoy su fiesta.
Porque tú eres el Dios vivo y verdadero
que en tu infinita bondad y sabiduría
llenas con tu presencia todas tus criaturas
y has puesto en nuestro corazón la morada de tu gracia.
Has revelado el misterio de tu inmenso amor
en la humanidad de Jesucristo, tu Hijo;
tú nos lo has dado como compañero en nuestras flaquezas,
maestro de la verdad,
modelo de nuestro trato filial contigo,
amigo fiel y esposo de las almas,
manantial inagotable de la santidad de tu Iglesia.
A él cantan los cielos y la tierra,
los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar.
La comparación de la criatura con el creador que la hizo a su imagen y semejanza transmite la más alta dignidad al hombre que es merecedor de contener y ser morada de la gracia de Dios:
No hallo yo cosa con qué comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues él mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza. Pues, si esto es como lo es, no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo; porque, puesto que hay la diferencia de él a Dios que del Criador a la criatura, pues es criatura, basta decir su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima.
Santa Teresa de Jesús, Moradas I
Relacionados con el 15 de octubre
«Que yo te predique cuanto mereces ser predicada»
En el día de la Virgen del Pilar dejamos para la oración un texto de San Ildefonso de Toledo, padre de la Iglesia hispana.
San Ildefonso de Toledo, Libro sobre la virginidad de Santa María (PL 96, 59)
Feliz tú para mi fe, feliz para mi alma, feliz para mi amor, feliz en mi alabanza y predicación. Que yo te predique cuanto mereces ser predicada, que yo te ame cuánto merece ser amada, que te ensalce en todo lo que eres loable, que te sirva en cuanto se debe servir a tu gloria. Tú, recibiendo a Dios solo, eres posterior el Hijo de Dios, pero, engendrando a Dios hecho a la vez Hombre, eres anterior al Hijo del Hombre; al cual, por solo acogerle, Dios se hospeda en ti, mas, por concebirle, el hombre que a la vez es Dios habita en ti.
En el pasado limpia para Dios, en el presente llena del Hombre-Dios, en el futuro madre del Hombre-Dios; alegre por la concepción y la doncellez, gozosa pro el hijo y la intacta pureza, tan fiel al Hijo como al esposo. De tal modo fiel al Hijo que ni Él mismo conociera progenitor carnal; fiel de tal modo al esposo que él mismo te reconociera madre sin concurso de varón.
Mujer, que has de ser glorificada en el Hijo tanto cuanto, estando libre de todo contacto varonil, has sido instruida en lo que debías conocer, enseñada en lo que debías creer, asegurada en lo que debías esperar y confirmada en lo que, sin detrimento alguno, debías conservar.
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«Ningún querubín cierra ya con espada de fuego la entrada del magnífico jardín de Dios»: es la gloria de la Cruz.
Bonifatia Brügge, «Mirabiliter condidisti, mirabilus reformasti. El Hombre en la creación y en la nueva creación» en: Benedictinas de Herstelle, Nuestra Pascua (Madrid 1962), 183-185.
Cuando con su consumatum est (Juan 19, 30), exhaló en la cruz su último aliento, se repitió lo que había sucedido al principio: Dios inspiró el «aliento de vida» (Génesis 2, 7) en el rostro muerto de la humanidad, y ése se tornó vivo y hermoso como en los orígenes primeros. «Verdaderamente, el tiempo del rejuvenecimiento estaba ya a la puerta o, mejor dicho, dentro de la puerta», cuando «después de la resurrección de entre los muertos»1, Cristo comunicó a sus discípulos con el mismo aliento divino, su vida de resucitado y les dijo: «Recibid el Pneuma Santo. A quienes perdonareis los pecados, les son perdonados» (Juan 20, 22ss). El aliento del Señor resucitado destierra la muerte y el pecado, que engendra la muerte. Y donde no hay pecado se abre de nuevo el paraíso. «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23, 43), promete en la cruz el Salvador moribundo al ladrón arrepentido. Ningún querubín cierra ya con espada de fuego la entrada del magnífico jardín de Dios. Nos envuelve de nuevo el perfume de flores que jamás se marchitan, y el árbol de la vida nos ofrece su delicioso fruto. ¿A nosotros? Sí, a todo nosotros, que hemos muerto y resucitado en Cristo, se nos ha abierto hoy, en la Pascua, el paraíso. Por eso la madre Iglesia, en su sabiduría, nos lee el grandioso relato del libro de la creación, no para que nos lamentemos por lo perdido, sino para que nos alegremos por lo recuperado. Hemos vuelto a encontrar el paraíso, no el del Adán terreno, que pasó, sino el del «Adán celeste» ( 1 Corintios 15, 49), que ya no podrá arrebatarnos la serpiente y en el que pudo entrar el buen ladrón. Se ha cumplido la profecía, En este nuevo paraíso vive también un hombre santo, y junto a él, una mujer santa: Cristo y la Iglesia.
1 Cf. Cirilo de Alejandría, In Jo 5, 2.
La exaltación de la Santa Cruz: final de la gozosa cuaresma veraniega
Hoy la Iglesia celebra la Exaltación de la Santa Cruz. Ya no la contemplamos con dolor penitencial como el viernes santo, sino con la alegría desbordante de saber que en ella brotó la salvación, de lo que era nuestra ruina (cf. Prefacio III Dominical de tiempo ordinario). Lo mismo que el tiempo cuaresmal comienza con la imposición de la ceniza y termina con las lecturas de la pasión en un ambiente penitencial; esta fiesta de la exaltación de la cruz tiene un carácter alegre y festivo. Concluye con esta fiesta una cuaresma que empezó el día de la transfiguración del Señor (6 de agosto) donde se anunciaba que la cruz se verá iluminada por la gloria de Cristo resucitado. Aquellos discípulos pregustaron la gloria de la resurrección como en la misa pregustamos el banquete del Cordero del Apocalipsis. Y en esta cuaresma veraniega y gozosa, desde la transfiguración de Cristo a la exaltación de la cruz, celebramos cómo María es llevada al cielo y allí es coronada como reina y señora de la creación. Es una cuaresma que mira hacia lo escatológico: la resurrección de Cristo prefigurada en su transfiguración, la cruz como estandarte de salvación y María que, asumpta al cielo y coronada como reina, en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor (LG 68).
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