Recursos para la Homilía: XXIV Domingo de Tiempo Ordinario (A)

Si encuentras otros textos, homilías o referencias a los textos de padres de la Iglesia, santos, teólogos, poetas o artistas no dude en enviarlos para enriquecernos mútuamente

iremos completando la información

ÍNDICE

  1. Liturgia de la Palabra
  2. Subsidio litúrgico para la sede
  3. Antífonas de Laudes y Vísperas
  4. Catecismo de la Iglesia Católica
  5. Textos patrísticos
  6. Eucología

Obra de San Cirilo de Jerusalén

Catequesis


PROCATEQUESIS

CATEQUESIS XXII (IV MISTAGÓGICA): LA EUCARISTÍA

¿Quién fue San Cirilo de Jerusalén?

San Cirilo nació hacia el año 315 en el entorno de Jerusalén. Ordenado por San Máximo, obispo de Jerusalén, pronto llegará a ser obispo de la misma ciudad. Su doctrina, que se distanciaba de las predominantes ideas arrianas de sacerdotes y obispo, pronto le sitúa en medio de controversias doctrinales hasta el punto que debe abandonar la sede de Jerusalén. Entre sus descritos destacan las catequesis donde expone la doctrina cristiana. Ellas, siglos mas tarde, le hacen valedor del título de Doctor de la Iglesia, otorgado por el Papa León XIII.

Las 18 catequesis primeras tratan de infundir un conocimiento, una iluminación sobre los que van a acercarse a los sacramentos de la iniciación cristiana. Las cinco siguientes catequesis son mistagógicas; es decir, catequesis que recibían los catecúmenos una vez bautizados que tratan de explicar desde la experiencia vivida los ritos, signos y gracias de los sacramentos. Al inicio de la primera catequesis mistagógica San Cirilo ofrece la explicación de la necesidad de una instrucción posterior al bautismo: «Y porque sé muy bien que la vista es mucho más fiable que el oído, estaba esperando este momento para llevaros a la pradera más luminosa y fragante de este paraíso». Recordemos que los catecúmenos no participaban de la celebración de los sacramentos hasta el momento de su iniciación, lo que hacía del rito algo totalmente novedoso, y por tanto, hablar de él antes de la iniciación no era fácil pues nunca habían asistido.

Catequesis 22 (Mistagógica 4). LA EUCARISTÍA

«Sobre el cuerpo y la sangre de Cristo». La lectura es la de la carta de Pablo a los corintios: Porque yo recibí del Señor lo que también os transmití, y lo que sigue.

San Cirilo de Jerusalén, Catequesis, 22, Introducción.

El texto de referencia con el que comienza se trata de la tradición eucarística que San Pablo recibió: un texto fundamental para la teología de la eucaristía. Lo recogemos a continuación:

Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía». Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».

1 Cor 11, 23

San Moisés

La Iglesia, además de los santos que convivieron con el Señor Jesús, recuerda a todos aquellos que colaboraron con Dios en la historia de la salvación como dice el Martirologio: los padres que agradaron a Dios y fueron hallados justos y murieron en la fe sin haber recibido las promesas, pero viéndolas de lejos y saludándolas, de los cuales nació Cristo según la carne, que es Dios bendito sobre todas las cosas y por todos los siglos (elog. 24 de diciembre, 1). En estos días celebramos concretamente dos: San Moisés (4 de septiembre) y San Zacarías (6 de septiembre) .

“Moisés”

Para Israel es Moisés el profeta sin igual  por el que Dios liberó a su pueblo, selló con él la alianza, le reveló su ley . Es el único al que, juntamente con Jesús, da el NT el título de mediador. Pero al paso que por la mediación de Moisés, su siervo fiel , dio Dios la ley al solo pueblo de Israel, a todos los hombres los salva por la mediación de Cristo Jesús, su Hijo: la ley nos fue dada por Moisés, la gracia y la verdad nos han venido por Jesucristo. Este paralelismo de Moisés y de Jesús pone en evidencia la diferencia de los dos Testamentos.

1. El servidor y el amigo de Dios.

La vocación de Moisés es el remate de una larga preparación providencial. Moisés, nacido de una raza oprimida, debe a la hija del Faraón opresor no sólo ser «salvado de las aguas» y sobrevivir , sino también el recibir una educación que le prepara para su misión de jefe . Sin embargo, ni la sabiduría, ni el poder, ni la reputación así adquiridos bastan para hacer de él el libertador de su pueblo. Tropieza incluso con la mala voluntad de los suyos  y tiene que huir al desierto: Dios se le aparece, le revela a la vez su nombre y su designio de salvación, le da a conocer su misión y le da fuerza para desempeñarla; Dios estará con él. En vano se excusará el elegido: «¿Quién soy yo?…». La humildad que en un principio le hace vacilar ante un empeño tan pesado le ayudará luego a desempeñarlo con una suavidad sin iguala través de las oposiciones de los suyos. Aunque su fe experimentó un desfallecimiento, Dios lo declara su más fiel servidor y lo trata como amigo; por una gracia insigne le revela, no su gloria, pero, por lo menos, su nombre. Hablándole así desde el interior de la nube, lo acredita como jefe de su pueblo.

2. El libertador y el mediador de la alianza.

El primer acto de su misión de jefe es la liberación de su pueblo.

Moisés debe poner fin a la opresión que impide a Israel tributar culto al Dios, que el Faraón se niega a reconocer. Pero para esto debe Dios «mostrar su mano poderosa» hiriendo a los egipcios con golpes reiterados: Moisés es el artífice de estas calamidades que manifiestan el juicio divino. En el momento de la última plaga, todavía bajo las órdenes de Moisés, lleno de la sabiduría de Dios, celebra Israel la pascua. Luego todavía «por la mano de Moisés» conduce Dios a su pueblo a través del mar que sumerge a los perseguidores. El primer objetivo del éxodo se ha logrado: en el Sinaí ofrece Moisés el sacrificio que convierte a Israel en el pueblo de Dios sellando su alianza con él.

Al pueblo de la alianza se agregan todos los que han sido bautizados en Moisés, es decir, los que por haberle seguido atravesaron el mar, guiados por la nube, y experimentaron la salvación. Moisés, «su jefe y su redentor», prefigura así a Cristo, mediador de una alianza nueva y mejor, redentor que libera del pecado a los que son bautizados en su nombre.

3. El profeta y el legislador.

Moisés, jefe del pueblo de la Alianza, le habla en nombre de Dios. Le revela la ley divina y le enseña cómo debe conformar con ella su conducta. Lo exhorta a la fidelidad para con el Dios único y trascendente que está siempre con él y que por amor lo ha escogido y salvado gratuitamente.

Moisés es así el primero de esos profetas que tienen por misión mantener la alianza y educar a un pueblo rebelde. El ejercicio de esta misión hace también de él el primero de los servidores de Dios perseguidos. A veces se queja de ello a Dios: «Acaso he concebido yo a este pueblo para que me digas: Llévalo en tu seno como la nodriza lleva al niño que amamanta…? La carga es demasiado pesada para mí». Un día, abrumado por la infidelidad de su pueblo, dejará flaquear su fe y su mansedumbre, tan profundas, no obstante , y será castigado por ello.

4. El intercesor.

Moisés es especialmente admirable en su papel de intercesor; por su oración asegura a Israel la victoria de sus enemigos y le obtiene el perdón de sus pecados. Lo salva así de la muerte interponiéndose ante la ira divina. «Perdona su pecado… si no, ¡bórrame de tu libro!». Con esta ardiente caridad esboza los rasgos del siervo doliente que intercederá por los pecadores cargando con sus faltas. Prefigura también al «profeta semejante a él» cuya venida anuncia. Esteban recordará esta predicción y Pedro lo proclamará realizado en Jesús. De este «profeta» por excelencia da Moisés testimonio en la Escritura; por eso se halla a su lado en la transfiguración. Pero Cristo, nuevo Moisés, rebasa la ley dándole cumplimiento, pues él es el fin de la misma: habiendo cumplido todo lo que estaba escrito de él en la ley de Moisés, fue resucitado por su Padre a fin de dar el Espíritu Santo a los hombres.

5. La gloria de Moisés.

En Cristo se revela ahora la gloria, un reflejo de la cual iluminaba el rostro de Moisés después de sus encuentras con Dios. El pueblo de la antigua alianza no podía soportar el resplandor de este reflejo, aunque pasajero; por eso Moisés se ponía un velo sobre el rostro. Para Pablo este velo simboliza la obcecación de los judíos, que leyendo a Moisés no lo comprenden y no se convierten a Cristo, al que anunciaba. Porque los que creen verdaderamente en Moisés, creen en Cristo y su rostro, como el de Moisés, refleja la gloria del Señor que los transforma a su imagen. En el cielo, los rescatados cantarán «el cántico de Moisés, el servidor de Dios, y el cántico del cordero», único cántico pascual del único Señor, cuya figura fue Moisés.

FUENTE:
Xabier Leon-Dufour, Diccionario bíblico-teológico

«No nos dejaremos doblegar por el dolor». Un texto de San Gregorio Magno para estos días de pandemia

Hoy la Iglesia celebra uno de los santos Pontífices más importantes. De ahí su sobrenombre de Magno. Dejamos hoy un texto del Papa Benedicto XVI que presenta los orígenes de San Gregorio Mago (desde la infancia hasta su elección como Pontífice); y también un fragmento del comentario al libro de Job: ante este tiempo incierto de pandemia que nos azota es necesaria la acción de Job que recuerda, en medio de la adversidad, la mano bondadosa del Señor.

Presentación

Benedicto XVI,
Audiencia general (28 de mayo de 2008)

Nació en Roma, en torno al año 540, en una rica familia patricia de la gens Anicia, que no sólo se distinguía por la nobleza de su sangre, sino también por su adhesión a la fe cristiana y por los servicios prestados a la Sede apostólica. De esta familia habían salido dos Papas: Félix III (483-492), tatarabuelo de san Gregorio, y Agapito (535-536). La casa en la que san Gregorio creció se encontraba en el Clivus Scauri, rodeada de solemnes edificios que atestiguaban la grandeza de la antigua Roma y la fuerza espiritual del cristianismo. Los ejemplos de sus padres Gordiano y Silvia, ambos venerados como santos, y los de sus tías paternas Emiliana y Tarsilia, que vivían en su misma casa como vírgenes consagradas en un camino compartido de oración y ascesis, le inspiraron elevados sentimientos cristianos.

San Gregorio ingresó pronto en la carrera administrativa, que había seguido también su padre, y en el año 572 alcanzó la cima, convirtiéndose en prefecto de la ciudad. Este cargo, complicado por la tristeza de aquellos tiempos, le permitió dedicarse en un amplio radio a todo tipo de problemas administrativos, obteniendo de ellos luz para sus futuras tareas. En particular le dejó un profundo sentido del orden y de la disciplina: cuando llegó a ser Papa, sugirió a los obispos que en la gestión de los asuntos eclesiásticos tomaran como modelo la diligencia y el respeto que los funcionarios civiles tenían por las leyes.

Sin embargo, esa vida no le debía satisfacer, dado que, no mucho tiempo después, decidió dejar todo cargo civil para retirarse en su casa y comenzar la vida de monje, transformando la casa de la familia en el monasterio de San Andrés en el Celio. Este período de vida monástica, vida de diálogo permanente con el Señor en la escucha de su palabra, le dejó una perenne nostalgia que se manifiesta continuamente en sus homilías: en medio del agobio de las preocupaciones pastorales, lo recordará varias veces en sus escritos como un tiempo feliz de recogimiento en Dios, de dedicación a la oración, de serena inmersión en el estudio. Así pudo adquirir el profundo conocimiento de la sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia del que se sirvió después en sus obras.

Pero el retiro claustral de san Gregorio no duró mucho. La valiosa experiencia que adquirió en la administración civil en un período lleno de graves problemas, las relaciones que mantuvo con los bizantinos mientras desempeñaba ese cargo, y la estima universal que se había ganado, indujeron al Papa Pelagio a nombrarlo diácono y a enviarlo a Constantinopla como su «apocrisario» —hoy se diría «nuncio apostólico»— para acabar con los últimos restos de la controversia monofisita y sobre todo para obtener el apoyo del emperador en el esfuerzo por contener la presión longobarda.

La permanencia en Constantinopla, donde junto con un grupo de monjes había reanudado la vida monástica, fue importantísima para san Gregorio, pues le permitió tener experiencia directa del mundo bizantino, así como conocer de cerca el problema de los longobardos, que después pondría a dura prueba su habilidad y su energía en el período del pontificado. Tras algunos años, fue llamado de nuevo a Roma por el Papa, quien lo nombró su secretario. Eran años difíciles: las continuas lluvias, el desbordamiento de los ríos y la carestía afligían a muchas zonas de Italia y en particular a Roma. Al final se desató la peste, que causó numerosas víctimas, entre ellas el Papa Pelagio II. El clero, el pueblo y el senado fueron unánimes en elegirlo precisamente a él, Gregorio, como su sucesor en la Sede de Pedro. Trató de resistirse, incluso intentando la fuga, pero todo fue inútil: al final tuvo que ceder. Era el año 590.

Ante la pandemia, el recuerdo de los días de plena bendición

San Gregorio Magno,
Tratados morales sobre el libro de Job 3, 15-16

Pero, en estas palabras de Job, con las que responde a las imprecaciones de su esposa, debemos considerar principalmente lo llenas que están de buen sentido. Dice, en efecto: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? Es un gran consuelo en medio de la tribulación acordarnos, cuando llega la adversidad, de los dones recibidos de nuestro Creador. Si acude en seguida a nuestra mente el recuerdo reconfortante de los dones divinos, no nos dejaremos doblegar por el dolor. Por esto, dice la Escritura: En el día dichoso no te olvides de la desgracia, en el día desgraciado no te olvides de la dicha. En efecto, aquel que en el tiempo de los favores se olvida del temor de la calamidad cae en la arrogancia por su actual satisfacción. Y el que en el tiempo de la calamidad no se consuela con el recuerdo de los favores recibidos es llevado a la más completa desesperación por su estado mental. Hay que juntar, pues, lo uno y lo otro, para que se apoyen mutuamente; así, el recuerdo de los favores templará el sufrimiento de la calamidad, y la previsión y temor de la calamidad moderará la alegría de los favores. Por esto, aquel santo varón, en medio de los sufrimientos causados por sus calamidades, calmaba su mente angustiada por tantas heridas con el recuerdo de los favores pasados, diciendo: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

II Vísperas Domingo XXIV (A)

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO (propuesto para esta celebración)

Quédate con nosotros, la tarde está cayendo.
Quédate.

1. ¿ Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros;
la mesa está servida
caliente el pan, envejecido el vino.

2. ¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si nos compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

3. Arroja en nuestras manos
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu
y limpia en lo más hondo
del corazón del hombre
tu imagen empañada por la culpa.

SALMODIA

Ant. 1. Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Salmo 109, 1-5: El Mesías, Rey y Sacerdote

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Ant. 2. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Salmo 111: Felicidad del justo

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Ant. 3. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Cántico: Cf. Ap 19,1-2.5-7
Las bodas del Cordero

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R/. Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
R/. Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R/. Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
su esposa se ha embellecido.
R/. Aleluya.

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA BREVE Hb 12, 22-24

Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

RESPONSORIO BREVE

V/. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R/. Nuestro Señor es grande y poderoso.
V/. Su sabiduría no tiene medida.
R/. Es grande y poderoso.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Magníficat: Jesús dijo a Pedro: «No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

+ Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.: El Señor ha mirado mi humillación y el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.

PRECES

Alegrándonos en el Señor, de quien viene todo don, digámosle:

Escucha, Señor, nuestra oración.

Padre y Señor de todos, que enviaste a tu Hijo al mundo para que tu nombre fuese glorificado, desde donde sale el sol hasta el ocaso,
fortalece el testimonio de tu Iglesia entre los pueblos.

Haznos dóciles a la predicación de los apóstoles,
y sumisos a la verdad de nuestra fe.

Tú que amas a los justos,
haz justicia a los oprimidos.

Liberta a los cautivos, abre los ojos a los ciegos,
—endereza a los que ya se doblan, guarda a los peregrinos.

Haz que los que duermen ya el sueño de la paz
lleguen, por tu Hijo, a la santa resurrección.

Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada: Padre nuestro.

Oh Dios, creador y dueño de todas las cosas, míranos y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor Jesucristo

I Vísperas. Común de Santa María Virgen

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Salve, Madre,
en la tierra de mis amores
te saludan los cantos
que alza el amor.
Reina de nuestras almas,
flor de las flores,
muestra aquí
de tu gloria los resplandores,
que en el cielo tan sólo
te aman mejor.

Virgen Santa, Virgen pura,
vida, esperanza y dulzura
del alma que en ti confía,
Madre de Dios, Madre mía,
mientras mi vida alentare,
todo mi amor para ti,
mas si mi amor te olvidare,
Madre mía, Madre mía,
aunque mi amor te olvidare
tú no te olvides de mí.

SALMODIA

Ant. 1. Dichosa eres, Virgen María que llevaste en tu seno al Creador del mundo.

Salmo 112

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosa eres, Virgen María que llevaste en tu seno al Creador del mundo.

Ant. 2. Engendraste al que te creó y permanecerás virgen para siempre.

Salmo 147

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Engendraste al que te creó y permanecerás virgen para siempre.

Ant. 3. Tú eres la mujer a quien Dios ha bendecido, y por ti hemos recibido el fruto de la vida.

Cántico Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Tú eres la mujer a quien Dios ha bendecido, y por ti hemos recibido el fruto de la vida.

LECTURA BREVE Ga 4, 4-5

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

RESPONSORIO BREVE

V/. Después del parto, ¡oh Virgen!, has permanecido intacta.
R/. Después del parto, ¡oh Virgen!, has permanecido intacta.
V/. Madre de Dios, intercede por nosotros
R/. ¡Oh Virgen!, has permanecido intacta.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R/. Después del parto, ¡oh Virgen!, has permanecido intacta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Magníficat: El Señor ha mirado mi humillación y el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.

+ Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.: El Señor ha mirado mi humillación y el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.

PRECES

Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la Madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:

Mira a la llena de gracia y escúchanos.

Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.

Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores
ya todos abundancia de salud y de paz.

Tú que hiciste a María la llena de gracia,
concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.

Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor,
y que todos los fieles perseveren unánimes en oración con María, la madre de Jesús.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Tú que coronaste a María como reina del cielo,
haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.

Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre nuestro.

Concédenos, Señor, la valiosa intercesión de la Virgen María, cuya gloriosa memoria hoy celebramos, y danos parte en los dones de tu amor por la intercesión de aquella a la que hiciste llena de gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.

De Siria a Zamora: San Antolín y la devoción mozárabe

Cualquier otro año estaríamos la ciudad de Zamora estaría celebrando la novena de la Virgen de la Concha en la Iglesia propia: San Antolín. Y en esta novena, curiosamente se celebra la fiesta titular del templo que alberga -aunque ahora solo sea puntualmente- la Virgen de la Concha.

¿ORÍGENES SIRIOS?

San Antolín, según la tradición palentina, era el hijo de un rey convertido al cristianismo lo que produce que el tío del santo suceda a su padre en el poder. San Antolín, siendo diácono, fue condenado por su tío para ser martirizado. El origen geográfico del santo es una cuestión aun no muy clara. Tradicionalmente se le asigna una procedencia francesa en Pamiers. Pero estudios actuales apoyados por el Martirologio del Papa Gregorio XIII, concluyen que San Antolin era de Apamea (Siria). Sus reliquias habrían sido trasladadas a la abadía de Fredelas, junto Pamiers. En esta última se veneran los restos de otros mártires de Apamea: Cayo y Alejandro. Con el parecido de los nombres (Apamea-Pamiers) y el devenir de los siglos, bien se pudo llegar a una confusión.

S. XI: CERTIFICADO DE UNA DEVOCIÓN ANTERIOR

San Antolín según los últimos estudios, no habría vivido en el s. VII en Francia, sino en el s. IV en Siria. Pero sus reliquias efectivamente llegarían en el s. VII a la zona francesa de Pamiers. Su devoción llegó en los siglos posteriores a Castilla, más concretamente a Palencia, de forma que en el s. XI

  1. En el año 1035 es nombrado patrono de la sede restaurada de Palencia por el rey Sancho el Mayor de Navarra. Hecho que supone ya un conocimiento y devoción anteriores.
  2. La devoción a San Antolín llega a Zamora por los palentinos que en este siglo se asientan en la ciudad y mandan construir el templo antes mencionado. Lo cual indica una identificación con la devoción a este santo mucho anterior.
  3. Al menos cuatro códices fechados entre los años 1035 y 1066 contienen en su calendario la fiesta de San Antolín. Entre ellos se encuentra el Libro de Horas del Rey Fernando conservado en la Universidad de Santiago de Compostela o el Antifonario Morárabe de la Catedral de León. Hecho que muestra la devoción por este santo en la tradición hispano-mozárabe.

LA IGLESIA ZAMORANA Y LA DEVOCIÓN A ‘SU’ SEÑORA

Cripta de San Antolín en la Catedral de Palencia

En el año 1032 es encontrada en la cripta visigótica de San Antolín de la catedral de Palencia la imagen de una virgen, que tomó su nombre: Virgen de San Antolín. Los palentinos que a partir de 1062 acudieron a vivir en Zamora la trajeron con ellos y la colocaron en la iglesia que mandaron erigir en honor al santo patrón de su ciudad. Ya en el año 1100 la ciudad de Zamora tenía tal devoción a la imagen de la Virgen de San Antolín que la jurarían como patrona.

Recordando que es en el año 1080 cuando se produce la supresión del rito hispano-mozárabe y la adopción del rito romano, es probable que la primera década de esta devoción se celebrara según la gran tradición litúrgica hispana. Sería de reconocimiento histórico la recuperación del rito hispano-mozárabe para la celebración de San Antolín en la novena de la Virgen a la que en aquella época dio nombre: la misa o el lucernario hispano-mozárabe enriquecería la espiritualidad de los fieles y devotos que a las plantas de la Virgen fijan sus ojos en esa concha que reposa sobre su vientre: ella nos ha dado el fruto de su vientre, su perla más preciosa, su hijo y Señor Nuestro Jesucristo.

Detalle del Codice del Libro de Horas del Rey Fernando que se conserva en la Universidad de Santiago de Compostela

PARA ENRIQUECERSE CON LA LITURGIA HISPANA:

Es en verdad digno y justo, Señor, porque es digno y hermoso que te demos gracias, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor: que demostró gloriarse en la corona de su mártir Antolín y redujo a la nada el furor rabioso del enemigo perseguidor.
El cuerpo del soldado de Cristo rey era cortado con diversos tormentos; pero su alma estaba regada con las fuentes de los gozos espirituales, evadiéndose de la cárcel eterna de los infiernos.
El santo mártir era atormentado con los suplicios para disfrutar luego en el cielo las coronas perennes de victoria; su cuerpo era herido con las llagas, pero no se quebraba en él la lucha espiritual; entregó sus vísceras a las más terribles penas para que no pareciese que negaba en la tierra a nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Se ofrecía a Dios como un sacrificio casto para poder recibir el fruto multiplicado de los más altos premios.
Con razón todos los Ángeles y Arcángeles no cesan de aclamarte cada día, diciendo:

Illatio – Acción de gracias

Recursos para la Homilía: XXIII Domingo de Tiempo Ordinario (A)

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ÍNDICE

  1. Liturgia de la Palabra
  2. Subsidio litúrgico para la sede
  3. Antífonas de Laudes y Vísperas
  4. Catecismo de la Iglesia Católica
  5. Textos patrísticos
  6. Otros textos
  7. Esquemas y temas bíblicos
  8. Referencias litúrgicas
  9. Poesía y arte