Salmo 2

¿Por qué se amotinan las naciones?

1¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un fracaso? 
2Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías: 
3«Rompamos sus coyundas,
sacudamos su yugo». 

4El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos. 
5Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera: 
6«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo». 

7Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy. 
8Pídemelo:
te daré en herencia las naciones;
en posesión, los confines de la tierra: 
9los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza». 

10Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra: 
11servid al Señor con temor, 
12rendidle homenaje temblando;
aprended la enseñanza,
no sea que se irrite y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su ira.

¡Dichosos los que se refugian en él!

Comentario de Luis Alonso Schökel

Al llegar a Cristo, este salmo entra en el contexto de la plenitud cristiana, y despliega todo su posible significado, que hasta entonces quedaba en germen o en símbolos no aclarados.

Oración sálmica

Con cetro de hierro los quebrarás, v.9

Rompe, Señor, las cadenas
que nos atan y esclavizan a nuestros pecados,
para que, unidos a ti por el yugo de la obediencia,
podamos vivir, con temos y humildad, en tu santo servicio.

SALMO

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