La Santa Misa desde el canto gregoriano 09 – III domingo de Cuaresma

Desde el punto de vista musical, y más concretamente, modal, la Misa del III domingo de Cuaresma se abre con un anuncio inesperado. Una melodía exuberante, llena de luz, compuesta en VII modo, tetrardus autenticus, como ocurre en días especialmente importantes en el itinerario cristológico (Navidad, con el introito Puer natus est, y Ascensión, con Viri galilei).

Hoy vamos a fijarnos solo en un par de detalles, pero antes de ello, leamos con atención el texto (Sal. 24, 15-16): Oculi mei semper ad Dominum, quia ipse evellet de laqueo pedes meos: réspice in me, et miserere mei, quoniam unicus et pauper sum ego (Mis ojos miran siempre al Señor, porque Él librará del lazo mis pies; mírame, oh Dios, y apiádate de mí, porque me veo solo y pobre).

Observando las notaciones adiastemáticas, Laon por encima del tetragrama y Saint Gall por debajo, vemos cómo estas amplifican no solo la primera sílaba del texto, con un pes no cursivo (los dos sonidos amplificados), sino las notas sucesivas. La notación de Laon nos muestra esta riqueza expresiva de una manera más clara que la notación sangalense, mediante esos grandes uncini. Laon utiliza al menos tres tamaños diferentes para el uncinus, y utiliza unos u otros en función de la importancia del texto sobre el que aparezcan. No cabe duda de que Oculi mei es importante, y dada esta importancia, quizá podríamos preguntarnos por qué tenemos una sucesión de notas sobre la cuerda de recitación del modo VII en vez de grupos neumáticos desarrollados. El motivo está muy claro. SEMPER.

Semper es la palabra más importante. Acordémonos del III domingo de Adviento, cuando la primera parte del introito Gaudete nos dirigía en una especie de crescendo también a la palabra semper. Gaudete in Domino semper. El III domingo de Adviento nos llamaba a regocijarnos siempre en el Señor. Este III domingo de Cuaresma nos invita a mantener los ojos, la mirada, siempre en el Señor. Esta palabra es el punto culminante de la primera semifrase. Tras ese semper intensificado, muy especialmente en el códice de Laon, decimos ad Dominum en un ambiente mucho más fluido y a la vez relajado; pero como si aún escucháramos resonar la palabra semper.

El clímax del canto llega muy poco después, en la palabra evelet, que alcanza sonidos más agudos que la palabra ‘siempre’. Este punto álgido tiene una clara relación con el visto anteriormente: quien siempre mantiene la mirada en el Señor será librado. Oculi mei semper ad Dominum, quia ipse evellet de laqueo pedes meos.

En este enlace podemos acceder al comentario del III domingo de Adviento, donde la palabra semper era también muy importante: https://liturgiaconespiritu.org/2020/12/12/la-santa-misa-desde-el-canto-gregoriano-03-iii-domingo-de-adviento/

Y en este podemos escuchar el introito de hoy: https://www.youtube.com/watch?v=Q5m0jfYH5CQ

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