De la poética a la prosa

Domingo XXXI de tiempo ordinario (B)
3 de noviembre de 2024

Adrienne von Speyr. Mística y teóloga

A continuación compartimos las diapositivas de la exposición de este tema en el marco del ciclo de conferencias ‘Perfiles espirituales’ en el Centro Teológico San Agustín de El Escorial.

El Concilio de Vienne y el legado de las cátedras de lenguas orientales

Principios y sinodalidad

San Óscar Romero. ‘Resucitaré en el pueblo salvadoreño’

Conferencia impartida en el contexto del ciclo ‘Perfiles Espirituales’ del Centro Teológico San Agustín (Real Centro Universitario Escorial – María Cristina) en El Escorial (Madrid).

Algunos de los días más importantes en la vida de San Óscar Romero:

  1. 15 de agosto de 1917: Nacimiento de Óscar Arnulfo Romero en Ciudad Barrios, El Salvador.
  2. 4 de abril de 1942: Ordenación sacerdotal en Roma, Italia. Tras ser ordenado, regresa a El Salvador.
  3. 21 de junio de 1970: Nombramiento como obispo auxiliar de San Salvador por el papa Pablo VI.
  4. 15 de octubre de 1974: Es nombrado obispo de Santiago de María, una diócesis rural en El Salvador, donde comienza a vivir de cerca las dificultades y las injusticias sufridas por los campesinos.
  5. 23 de febrero de 1977: Nombramiento como arzobispo de San Salvador. A partir de este momento, su postura profética y su denuncia de las injusticias sociales toman mayor relevancia.
  6. 12 de marzo de 1977: Asesinato del padre Rutilio Grande, un amigo cercano de Romero y sacerdote defensor de los derechos de los campesinos. Este evento marca un punto de inflexión en la vida de Romero, radicalizando su compromiso con los pobres y marginados.
  7. 24 de marzo de 1980: Asesinato de Óscar Romero mientras celebraba misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia en San Salvador. Este evento sacudió a El Salvador y al mundo entero.
  8. 23 de mayo de 2015: Beatificación de Óscar Romero en una ceremonia multitudinaria en San Salvador, reconociéndolo como mártir de la fe.
  9. 14 de octubre de 2018: Canonización de Óscar Romero por el papa Francisco en el Vaticano, reconociéndolo oficialmente como santo de la Iglesia Católica.

La fracción del pan

En España, en la Galia y en Milán, la fracción se realizaba justo después de la contestatio, quizás a veces en relación con la epíclesis. Fue Gregorio el Grande quien transfirió la fracción romana después del Pater (Epist. IX, 12) al igual que en la liturgia constantinopolitana. Algunos testimonios tardíos asocian la fracción con el ministerio angélico[1].

Es cierto que, según Agustín, la fracción es parte de la anáfora: “Las oraciones [eucarísticas] consisten en la bendición y la santificación [de lo que se encuentra sobre la mesa del Señor], y luego en su fracción para su distribución” (Ep. 149, 16).

La fracción no estaba acompañada de una oración específica. Las únicas excepciones derivan de la adición de una fórmula híbrida romana como suplemento al ordo galicano (MG 272), o al contrario, de una voluntad de mantener un post mysterium a pesar de la adopción del canon romano, como en el Misal de Stowe (p. 17), que reutiliza el post mysterium MG 516; y en Milán in cena domini (Bia 452), según el post mysterium MG 31.

La fracción, que podía ser bastante larga, estaba acompañada de un canto. “Germán” (Ep. I, 24b) la menciona, y se encuentra un confractorium en Hispania, en Milán, en Irlanda (Stowe, p. 17). Se mantuvo durante algún tiempo en la liturgia romano-franca en competencia con el Agnus Dei romano[2]. A juzgar por el Misal de Stowe y la liturgia hispánica en Cuaresma[3], el Salmo 32, 22 (Fiat misericordia tua…) era el canto normal de la fracción[4]. Este versículo, que implora la bendición divina y que así hace eco a la epíclesis, era muy apropiado. Además, la tradición hispánica A asigna en Pascua un confractorium propio, Vicit leo (León, p. 286; LMS, col. 257, nota 1)[5], extraído del Apocalipsis, acorde con el simbolismo escatológico de la fracción, muy desarrollado en Hispania. Está atestiguado en una patena Hispánica del siglo VI, y, más tarde, en los antifonarios francos bajo la forma de dos antífonas más extensas: Ecce vicit leo (CAO 6616) y Dignus est (CAO 6448), que es la continuación del texto de la anterior.

El canon 3 de Tours II (567) especifica que las porciones deben disponerse sobre la patena “no según la forma de una imagen, sino según el motivo de la cruz (non in imaginario ordine sed sub crucis titulo)”[6]. Este uso está atestiguado en Hispania por Ildefonso de Toledo[7] y el Missale mixtum (col. 557)[8], en el sur de Italia[9], y en Irlanda por el Tratado sobre la Misa (nos. 17-18) del Misal de Stowe y el del Leabhar breaghs[10].


[1] Por ejemplo, los cantos de la fracción en el norte de Italia, Emitte angelum/Emitte spiritum y Multitudo angelorum, que son de origen oriental (Huglo, «Antifone», n° 8 y 5), y la Vita Samsoni del siglo VI, influenciada por el ángel del Supplices del canon romano: «Cuando él cantaba la misa, se veían a su lado los ángeles, que son eternamente los ministros del altar y del sacrificio del Dios santo, y regularmente fraccionaban la oblación con sus manos; solo él, Sansón, los veía» (ASS, Julio, VI); Pseudo-Germán, Ep. I, 24a-b (según el apotegma de los Padres del desierto, Abba Daniel, transmitido por Gregorio Magno, Dial. IV, 58) y Ep. II, 13: LMS 718 (según una versión antigua del canon romano), ver P. Cagin, Te Deum ou lllatio?, Solesmes, 1906, p. 218-221.

[2] Graduel de Saint-Yrieix, p. 30-35; Cattaneo, “I canti”, p. 160 s.; Gastoué, Le Chant, p. 9 s.; Huglo, “Antifone” (ver especialmente n° 10 Memor sil de los graduales aquitanos).

[3] Janeras, “El rito”, p. 234 (y n° 3).

[4] El Tercer Concilio de Toledo (589) añadió la forma arcaica Credimus del símbolo de Nicea al confractorium, ver J. Pinell, “Credo y comunión en la estructura de la misa hispánica según disposiciones del III Concilio de Toledo”, en Concilia III de Toledo: XIV centenario, 589-1989, Toledo, 1991, p. 333-342; se encuentra este Credimus en los graduales aquitanos.

[5] La tradición B, más antigua, indica esta pieza durante todo el tiempo pascual, pero para la conmixtión (situada en Hispania después del Pater), es decir, en preludio al Sancta sanctis (MM, col. 560 y 568), ver Brou, “Le Sancta sanctis”, p. 13 y Janeras, “El rito”, p. 226-238.

[6] Cabrol, “Fractio panis”; este canon debe relacionarse con la carta del papa Pelagio a Sapaudo de Arles (alrededor de 560) condenando la representación de un rostro humano con las porciones, ver P. Gasso y C. Batlle, Pelagii I Papae epistulae quae supersunt, Montserrat, 1956 (SD 8), p. 61.

[7] De cognitione baptismi, 19 (PL 96, 119-120).

[8] Janeras, “El rito”, p. 224-230.

[9] A. Ebner, Iter Italicum. Quellen und Forschungen zur Geschichte und Kunstgeschichte des Missale Romanum im Mittelalter, Friburgo-en-Brisgovia, 1896, p. 309.

[10] Gougaud, “Celtiques”, col. 3011-3012, quien destaca que en Irlanda los sacerdotes comparten la fracción, como sugiere la Vita Samsoni citada anteriormente.

Tradición, liturgia y arte

Virgen María, orgullo de nuestra raza


[1]Cf. Liturgia de las Horas, Común de Santa María Virgen, Laudes, Antífona 2; Ibid.,8 de diciembre: Natividad de la Bienaventurada Virgen María, II Vísperas, Antífona 2.

[2] Misal Romano, 8 de diciembre: Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, Prefacio.

Yo esperaba…

“El sumo descanso es no querer nada más que lo que piden las necesidades naturales”. Palabras del poeta Prudencio qué serían un buen consejo para el veraneo. Seguro que muchos de los lectores han tenido la experiencia de tomarse unas vacaciones o un día de descanso y terminar más cansados que cualquier otro día de labor. Nada más lejos de la intención del poeta aconsejarnos que nuestras vacaciones consistan en no hacer nada.
Más bien se refiere a un vida descansada en Dios y libre de toda preocupación superflua. “Cuando hayas de emprender el camino no tomes bastón ni andes solícito de llevar una segunda túnica; no te preocupes demasiado del día de mañana, creyendo que te va a faltar el alimento”, son las palabras con las que continúa Prudencio y parafrasean el consejo de Jesús que hoy escuchamos en el evangelio.
“No querer nada más que lo que piden las necesidades” puede ser un lema espiritual que modele todas las acciones de nuestra vida en contra del tan usado ‘Yo esperaba que…’. Porque esa esperanza en las cosas del mundo que dependen de los hombres es decepcionante. ‘Yo esperaba que mis hijos y mis nietos veranearan con nosotros en el pueblo, por eso invertí mis ahorros en esta casa’, escuché de aquel hombre que, indiscutiblemente, había trabajado duro para dar a su familia lo mejor; pero sus hijos y nieto tienen otras preferencias. ‘Yo esperaba tener una parroquia con un gran proyecto de catequesis de niños y adultos’ —en el fondo todos los curas lo esperamos—, pero en los pueblos de la España vaciada, como en tantos otros lugares, es posible perder la esperanza si quieres un ‘gran proyecto’.
Si verdaderamente fueramos capaces de “no querer nada más que lo que piden las necesidades” cambiaríamos el ‘yo esperaba’ por el ‘necesitamos’. No es cuestión de no tener sueños y aspiraciones, sino de tenerlos contemplando la realidad. Necesitamos un lugar para que la familia pase tiempo junta; necesitamos un proyecto pastoral —igual da grande, que pequeño, que mediano— para hacer parroquias vivas, solidarias y comprometidas independientemente de la situación social. El individualista ‘yo esperaba’ deja paso al comunitario —o como se dice ahora, sinodal— ‘necesitamos’.
Jesús no les envía solos sino de dos en dos y solo con lo más necesario para el camino: sandalias y un baston. El resto lo irán recibiendo conforme lo necesiten. No les envía con un gran proyecto: solo espera de ellos que caminen predicando la conversión, expulsando demonios y ungiendo a los enfermos, es decir, respondiendo a la necesidad de conversión, salvación y sanación.

P. Santiago Martín Cañizares

“Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos” (Mc 6,7).