La Santa Misa desde el canto gregoriano 07 – I domingo de Cuaresma

Con el reciente comienzo de la Cuaresma retomamos nuestros comentarios semanales sobre la Santa Misa desde el canto gregoriano.

Los cinco cantos del propio de la misa de este I domingo de Cuaresma –introito, gradual, tracto, ofertorio y comunión- toman como fuente textual el salmo 90 (podemos ver una tabla más abajo). Algunos de los versículos de este salmo se cantan en diferentes momentos de la misa, haciendo así resonar el mensaje que la Iglesia transmite en este domingo, el de las tentaciones de Cristo. Este mensaje, por mucho que se repita –algunos versículos se cantan este día hasta en tres ocasiones-, se transmite cada vez de una manera diferente, pues aparece en cantos de diferente estilo, forma y modalidad. La Iglesia nos hace hoy rumiar y exprimir el texto. El versículo 15, por ejemplo, no suena igual en el introito que en el tracto. En el primer caso, el texto abre la misa en VIII modo –mismo con el que también abría el Adviento- en un estilo semiornado; en el segundo, forma parte de un canto en II modo, muy ornamentado y cantado de forma directa, es decir, sin ningún tipo de repetición, el salmo se canta de principio a fin –a excepción de unos pocos versículos de los que se prescinde-. El mismo texto cantado de diferentes formas y en distintos estilos y modalidades nos lleva a, como decíamos antes, rumiar el texto y comprenderlo de diferentes maneras. La misa de este I domingo de Cuaresma es un Lectio Divina del salmo 90.

IntroitoPs. 90, 15. 16 y 1
GradualPs. 90, 11-12
TractoPs. 90, 1-7 y 11-16
OfertorioPs. 90, 4
ComuniónPs. 90, 4-5

Al igual que hicimos en los tiempos de Adviento y Navidad, dedicaremos semanalmente unas líneas al canto de entrada. El texto de este dice: Invocabit me, et ego exaudiam eum: eripiam eum, et glorificabo eum: longitudine dierum adimplebo eum (Me invocará el justo, y yo le oiré; le libraré y le glorificaré, le daré una larga vida).

El inroito, compuesto en VIII modo, el último de los modos gregorianos, el llamado modo perfecto, tiene un ámbito muy estrecho, de apenas una cuarta –de Sol, la nota finalis, a Do’, la repercutio– acrecentado con notas de adorno inferiores. Sin embargo, en el centro del canto, en el corazón del mismo, se encuentra el punto álgido. Dios, hablando en primera persona dice: “me invocará, le oiré, le libraré y le glorificaré”. Sobre la penúltima sílaba de la palabra glorificabo encontramos el punto luminoso del introito, reflejado en la melodía, pues se alcanzan notas que no se habían cantado antes, y en la ornamentación de la sílaba, con un pes ligero que nos conduce hacia la parte más aguda –luminosa-, desde la que se desciende de manera más pausada, con una clivis parcialmente cursiva y otra totalmente cursiva, intensificada con la letra ‘t’, tenere, en la notación de Saint Gall. Hemos llegado a ese punto álgido y luminoso de manera fluida, y nos hemos detenido en él para descender lentamente, recreándonos en glorificabo.

Este glorificabo es el anuncio y promesa de la Pascua. Este motivo melódico-rítmico (pes Si-Re’, clivis Mi’-Do’ y clivis Do’-La) es el llamado motivo pascual, que se repite en los cánticos de la Vigilia Pascual, Qui confidunt, Cantemus Domino, Laudate Dominum, Vinea facta est, Attende caelum y Sicut cervus. En síntesis, recordamos destacamos las dos ideas de nuestro comentario de hoy: la Lectio Divina del salmo 90 y el anuncio de la Pascua en el I domingo de Cuaresma.

Podemos escuchar una versión es este introito en: https://www.youtube.com/watch?v=WHUPpGDCHfI

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