23 de enero de 2022

Domingo III de tiempo ordinario
Domingo de la Palabra de Dios 2022
Unidad de Acción Pastoral de Villarrín de Campos

Hoy comenzamos a leer el evangelio de San Lucas durante todos los domingos del año, a excepción de Cuaresma, Pascua, Adviento y Navidad. El pasado domingo escuchábamos las bodas de Caná. El inicio de la vida pública de Jesús en el evangelio de San Juan. Y hoy es el inicio de la vida pública de Jesús narrado por el evangelio de San Lucas.

Así comienza Jesús su ministerio público acudiendo a la reunión semanal de la sinagoga, leyendo la escritura y haciéndola suya: “hoy se ha cumplido esta escritura que acabáis de oir”. Así quiere que nosotros vivamos nuestra vida cotidiana acudiendo a la iglesia semanalmente para escuchar la palabra y poderla hacer nuestra durante la semana. Que podamos decir cada día un poco más que la palabra de Dios se cumple en nosotros. 

Hoy además celebramos el domingo de la palabra de Dios. Una jornada instituida por el Papa Francisco, especialmente para venerar a Cristo a través de la Escritura. La primera lectura nos muestra cómo el pueblo de Israel lee solemnemente el libro de la Ley que han encontrado en el Templo: escuchan la escritura y su explicación, responden a la lectura y bendicen, alaban y adoran a Dios. 

Es lo mismo que nosotros hacemos en la liturgia de la Palabra. Esta parte de la misa dedicada a las lecturas. Esta parte que es un diálogo de amor entre Dios y los hombres, entre Cristo y su esposa, la Iglesia. Nosotros somos la Iglesia, ese cuerpo del que habla San Pablo. Muchos miembros, múltiples funciones, pero un único cuerpo. 

Nosotros escuchamos lo que nos tiene Dios que decir en la primera lectura: hoy que escuchemos su palabra y la adoremos como hizo el pueblo de Israel. 

Entonces nosotros respondemos a esta petición de Dios: Tus palabras, Señor son espíritu y vida. El Salmo es la respuesta de la Iglesia. 

Dios nos vuelve a hablar: a pesar de ser muchos, sois solo un cuerpo, una sola Iglesia. 

Entonces nos levantamos, aclamamos y alabamos a Criso: Aleluya, es decir, alabado sea Dios; Gloria a ti Señor Jesús.

Hemos escuchado la Palabra de Dios y la hemos alabado. Ahora la explicamos. 

Pero la palabra de Dios siempre exigen de nosotros un cambio, una conversión. Por eso, porque la palabra de Dios nos cambia y nos convierte en las grandes fiestas contestamos con la profesión de fe. Creo Señor, en el Padre, el Hijo y el Espíritu. 

A través de sus palabras Dios también nos invita a ver el mundo de otra forma especialmente fijándonos en las necesidades de toda la humanidad. Por eso, las lecturas inspiran nuestras peticiones con las que finalizan estos ritos en torno a la lecturas. 

Dios nos habla, nosotros respondemos con el salmo y la alabanza. Su Palabra convierte nuestro corazón para profesar la fe y convierte nuestra mirada sobre el mundo para que brote la súplica. Sus palabras ya no son frías letras impresas en un libro. Su Palabra tienen el calor de ser el espíritu y la vida que hoy nos hacen falta.

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